15 de febrero de 2012

La terapia de Dios contra la tristeza

«¿Qué te abate alma mía? ¿Por qué gimes en mí?
Pon tu confianza en Dios, que aún le cantaré
a mi Dios salvador.» (Sal 42, 6)
Paz y bien

Hay unos textos muy lindos en el libro del Eclesiástico «No entregues tu alma a la tristeza ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones» no te des “manija”, no te estés lamentando día y noche de lo que ocurrió y de la que se viene. «La alegría del corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón prolonga sus días». Vive más quien tiene alegría en su corazón..., por eso «Anima tu alma, consuela tu corazón, echa bien lejos la tristeza» para que, si te arrepientes y desear ir en busca de ella, no la encuentres más.

El que sufre mucho hasta no ama y llega a odiar su propia vida. «Llora amargamente, date fuertes golpes en el pecho...» Los santos lloraron: San Bernardo lloró amargamente la muerte de su hermano y San Agustín por la de su madre y un amigo. Pero de inmediato volvieron a recuperar la paz, la alegría y a ponerse en marcha.

El apóstol Santiago dice «Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos» el canto es medicina preventiva contra la tristeza y la oración es medicina curativa. Y hay más todavía, el que lee la palabra de Dios, la contempla y medita  también se sana de la tristeza... lo dijo el Señor «felices más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican» para que «mi gozo sea el de ustedes y vuestro gozo y alegría sea perfecta»

Jesús, nos trae gozo y alegría. En el libro de Isaias (61, 1-4) se encuentra una revelación de los tiempos mesiánicos. Es el texto que Jesús leerá en la sinagoga de Nazaret diciendo que en ese momento eso se está cumpliendo en él «El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para traer Buenas Nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor» (Lc. 4, 18-19)

Cristo vino para darnos una vida de victoria, hasta llegar a la talla de su plenitud. El da perfume a la fiesta y nos quita el vestido de luto. Vino para que nuestra vida llegue a ser festiva y jubilosa y no para que nos lamentemos, cara larga, ceño fruncido, arrugas.

¡Cristo vino para que haya alegría! y sin embargo no vino a proscribir el sufrimiento ni el dolor sino a darles sentido: sufrimiento con alegría, dolor con esperanza. El Espíritu del Señor está sobre él para dar consuelo y esperanza, «Me envió para consolar a los que lloran y darles a todos los afligidos de Sión una corona en vez de cenizas, el aceite de los días alegres»; la corona, significa victoria, la ceniza, derrota.

Cristo se comprometió por nosotros, dio su vida por nuestro rescate, pagando un alto precio; así nos amó. ¿Cuánto valemos para Jesucristo? Tanto como su amor por nosotros.  Siguiendo su palabra y llenos del Espíritu Santo, cuando lleguemos a algún lugar, con nosotros llegará también la alegría.

Cristo está amando con nuestros corazones... en este mundo no tiene otro corazón para amar que el corazón de los que creemos en él, de los que tienen su Espíritu. Entonces... pongamos alegría en cada ocasión, en cada obra, en cada aurora, en cada rostro... incluso en cada agonía podemos poner alegría y esperanza.

Vivamos dando gracias a Dios por nuestro pasado, aunque en él haya habido espinas y dolor, porque ya no sufrimos hoy lo que sufrimos antes, el Espíritu hará que conservemos la alegría. Dándole gracias por el sufrimiento pasado y deseando ardientemente el futuro. Porque el deseo es nuestra oración permanente.

San Agustín dice que la oración permanente no es que nos pongamos de rodillas, veinticuatro horas por día, orando y no haciendo nada, sino que la oración permanente es el deseo que está en el fondo del alma y del corazón.

Así que, vivamos deseando ardientemente un futuro venturoso, amando el presente y no concediendo espacio alguno al pesimismo, al que destruye y se derrota con la fe puesta en la esperanza que no defrauda.

Fraternalmente,



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Sobre textos de José Torres Alonso

1 comentario:

  1. Hasta hoy no te leí aqui...
    Gracias por cada palabra.
    Te abrazo.

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