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El sacramento de la reconciliación

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El evangelio de hoy, describe la desesperación de un hombre paralítico para ser curado por Jesus; tanta que hasta entró por el techo (Marcos 2,1-12). Lo que se juega en este relato evangélico no es tanto si Jesús puede curar o no. Lo importante es si puede perdonar los pecados. Ahí es donde algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”  Hoy nosotros podemos usar esta historia para contrargumentar: está claro que Jesús podía perdonar los pecados porque Jesús era Dios. Lo que pasa es que sus oyentes no habían dado el salto de fe hasta reconocer la divinidad de Jesús. Nosotros creemos en esa divinidad y por eso podemos encontrar en Jesús el perdón de nuestros pecados y el camino de la salvación, una vez que hemos dejado atrás esas culpas.  Lo esencial aquí es que Jesús abre los brazos de par en par a los pecadores. Cuánta gente perdura también hoy en una vida equiv...

El tiempo de la salvación

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por Ana María Martínez Revista «Familia Cristiana» San Pablo cuando habla del perdón, de la reconciliación, de la capacidad de perdonar y recibir perdón se refiere también a esa dimensión que nos hace capaces de dar perdón. El perdón como gracia de Dios que San Pablo, presenta ante nosotros como testigo que experimentó, de modo singular, la fuerza de la cruz en el camino de Damasco nos muestra al Resucitado quien se le manifestó con todo el esplendor su poder en la fuerza y el poder de la cruz de Cristo, se dirige a nosotros con una ardiente súplica: “los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios.” (2 Cor 6, 1) San Pablo insiste en que esta gracia que nos la ofrece Dios mismo, que nos dice a cada uno de nosotros: “En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.” (2 Cor 6, 2) “Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el p...

Dejarse curar

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Paz y bien 6º Domingo durante el año - B «Se le acercó un leproso que se arrodilló y suplicó a Jesús; “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús tuvo compasión, extendió la mano y le dijo; “Yo lo quiero, queda limpio”. Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. (Mc 1, 40-42) El leproso conocía su enfermedad y sabía que él era incapaz de curarse. Advirtió que Jesús podía hacerlo, y se lo pidió. También, cuando Gabriel propuso de parte de Dios a María ser la Madre del Mesías, Ella no contestó que se pondría a ello, sino que Dios hiciera según su voluntad. ¡Cuántas veces queremos sacar los asuntos nosotros solos, sin contar con la ayuda de Dios! Y el resultado es el fracaso y el desánimo. A veces Dios nos deja solos y permite que nos demos golpes para que -como los niños-, no tengamos más remedio que acudir a Él. ¡Cuándo aprenderemos que en la vida espiritual no se trata tanto de hacer sino de dejar hacer en nosotros, de obedecer! ¿Cuándo permitiremos que Dios haga lo que desea h...

No podemos desprendernos de nuestra cruz

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Lucas 14, 27 La gran preocupación del hombre es cómo hacer para echarse la cruz de los hombros. Son inmensos los esfuerzos que está haciendo el hombre para evitar la carga de la cruz, del sufrimiento; se quiere tener una vida sin sufrimientos, sin dolores, sin problemas; pero en ese afán desmedido el hombre encuentra su penitencia. Es que el hombre de hoy desconoce que el sufrimiento puede tener en sí un verdadero valor; lo desconoce y lo rechaza. En un esfuerzo por hallar una vida sin sufrimientos, halla unos sufrimientos sin vida, es decir, sin sentido, sin proyección y eso es precisamente lo que le amarga: que no puede escaparse de sufrir y que no le vea ningún sentido a su sufrimiento. Hablando en cristiano, diríamos que el que pretende encontrar un Cristo sin cruz, encontrará una cruz sin Cristo; y una cruz sin Cristo resulta abrumadora, amarga, insoportable de llevar sobre los hombros, imposible de llevarla en el corazón. Fraternalmente, ___ «Los cinco minutos d...

Actitud frente a la vida

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Exodo 14, 28-31 Dios siempre toma partido por los más débiles, los pequeños e indefensos. Los últimos del desfile, son pa El los primeros. Se acerca a quienes tienen el corazón contrito, arrepentido y asiste de manera especial a quienes se encuentran más expuestos al peligro de muerte. Por eso le dió a Moises la vara que abrieron el mar Rojo con doble efecto: mientras pasaba el pueblo de Dios, fueron la sepultura de jinetes y caballos que intentaban obstruir el plan divino. ¿Por que unos pudieron atravesar el mar, mientras que otros sucumbieron en las mismas aguas? ¿Por que hay gente que es derrotada por los problemas que otros vencen? ¿Por qué algunos se fortifican ante la adversidad, mientras que otros se amargan o desesperan? Una sola palabra es la respuesta: la actitud frente a la vida. Sólo depende de haber encontrado el sentido de la existencia, porque quien ha descubierto para qué vivir en este mundo, fácilmente puede sobrellevar el cómo y pagara cualquier prec...

Reanimar la virtud de la esperanza

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Palabra del amado Yo soy el que ama la pureza, yo soy el que da toda santidad. Busco un corazón puro: allí está el lugar de mi descanso. Prepara para mi una sala amplia, alfombrada y allí celebraré la Pascua con mis discípulos. (Mc 14, 15; Lc 2, 12) Si quieres que vaya a tu casa y me quede contigo, límpiate de la levadura antigua (1 Cor 5, 7) y asea la morada de tu corazón. Deja afuera a todo el mundo y aleja de ti el tumulto de los vicios. Con amargo sentimiento del alma, siéntate como un pájaro solitario en el tejado (Sal 101, 8) a meditar en tus faltas. Todo amate prepara para su amado que lo quiere, el lugar mejor y más lindo, porque en esto se manifiesta la amorosa disposición de quien recibe a su preferido. Pero cónvencete que no puedes llegar a ésta preparación con el solo mérito de tus acciones y esto aunque te prepares un año entero sin tener que hacer otra cosa. Se te permite acercarte a mi mesa sólo por una condescendencia de mi amor y de mi gracia; así como si un rico con...

El sacramento de la reconciliación

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¡Paz y bien para todos! Aquellas personas que buscan pretextos para cumplir con este sacramento, encuentran razones para no hacerlo. Dios que es respetuoso e ingresa solo si uno lo deja entrar, escucha estas diez (10) razones: Porque prefiero pedirle perdón a Dios directamente, sin intermediarios. Porque mis pecados son una cosa especial, algo muy personal que solo yo -que fui el autor- los entiende. Porque no quiero aburrir ni hacer perder el tiempo a una persona tan ocupada como es el sacerdote. Porque me siento ridículo en el confesionario arrodillado y susurrándole a la ventanita. Porque me da vergüenza cuando no hay confesionario y tengo que dirigirme al cura así no más, a cara descubierta. Porque, en fin de cuentas, hay gente que peca mucho más que yo, y si voy a confesarme quizás estoy ocupando el lugar de alguien que lo necesita más que yo. Porque el daño ya está hecho y confesar las barbaridades que hice no hice desaparecer el daño. Porque el sacerdote es un ...