La Pascua no es el relato de un final, sino la proclamación de un comienzo
El anuncio pascual no consiste en una evasión del dolor, sino en la afirmación de que el dolor y la muerte no son el último horizonte. Los relatos de los Evangelios de San Marcos, San Mateo, San Lucas y San Juan coinciden en un dato elemental: son mujeres quienes, al amanecer, se dirigen al sepulcro. No van a celebrar nada. Van a completar un rito funerario interrumpido. Se preguntan quién correrá la piedra. La preocupación es concreta, doméstica. Pero al llegar descubren que la piedra ya no está en su sitio. La tumba abierta no es solo un detalle narrativo; es el signo inaugural de algo que desborda las previsiones humanas. El cuarto evangelio añade una escena de extraordinaria densidad simbólica. En el capítulo 20, María Magdalena permanece llorando fuera del sepulcro. Ve a dos ángeles vestidos de blanco, uno a la cabecera y otro a los pies. “ Mujer, ¿por qué lloras? ”. La pregunta atraviesa los siglos. Ella responde con lógica de duelo: “ Se han llevado a mi Señor y no sé dónd...