Cuando la tierra tiembla, la FE también despierta
Texto de Organización Juan XXIII.org Hay días en que la historia no toca la puerta: la sacude. El 24 de junio de 2026, Venezuela vivió una de esas jornadas que quedan marcadas no solo en los registros sísmicos, sino también en la memoria espiritual de un pueblo. Dos terremotos fuertes estremecieron el norte del país, alcanzando con severidad a Caracas, La Guaira y otras regiones cercanas. Reportes iniciales de Reuters indicaron dos eventos de magnitud 7.2 y 7.5, separados por menos de un minuto, con daños en edificios, víctimas fatales y cientos de heridos. Pero cuando una ciudad tiembla, no solo se mueven sus edificios. Tiembla la seguridad de las familias, la memoria de quienes han vivido tragedias anteriores, la fragilidad de los ancianos, el llanto de los niños, la angustia de los que buscan a sus seres queridos y la impotencia de quienes miran desde lejos sin poder abrazar a nadie. El dato frío y la herida humana: Según la información disponible al momento de esta redacción, ...