22 de mayo de 2012

Decir

Lo más despreciable es lo más grande a los ojos de la vida.
No aspiro a otros mundos, ni otros cielos.
Me basta la porción de maravillas que me asignó la vida:
un lecho para soñar, un cuerpo para amar,
un corazón para creer, dos manos para bendecir y crear de la nada el infinito.
Porque la tierra no es, después de todo, sino el pequeño terrón
que uno modela a imagen y semejanza de sus sueños,
día a día, con humildad y adoración.





Dominus Providebit 


___
Huellas de Gonzalo Arango

3 comentarios:

  1. Ser humilde e viver a vida sem mais do que as coisas de cada dia.
    A vida acontece como Deus programou e nada acontece por nosso querer.

    ResponderEliminar
  2. Precioso, como un pétalo, un beso o una brisa con aroma a hierba.

    ResponderEliminar

«Porque la boca habla de la abundancia del corazón.» (Mt. 12, 34) Por lo tanto, se prudente en el uso de ellas y recuerda que en este blog no se aceptan los comentarios anónimos.