27 de abril de 2010

Muchos los llamados, pocos los elegidos

Esta frase, terrible entre todas, es al mismo tiempo la más maravillosa que puede haber. El primer mensaje de estas palabras es que nos enfrentamos a un Dios vivo que nos llama. El segundo, en hebreo la palabra "muchos" es amplia, total, es la totalidad absoluta. Por lo tanto, cuando Jesús afirma que todos somos llamados, es sin ninguna excepción.

Tercero, "hay pocos elegidos" ¿Que significa esto? Simplemente que son pocos los elegidos. ¿Por que son pocos? Porque tal vez no se necesitan muchos. ¿Podría pensarse que en el cielo no hubiera sino los elegidos? ¿No podría haber muchos llamados que no fueron elegidos? ¿Que es un elegido? Es un seleccionado.

En los capítulos 6 y 7 de los Jueces, la historia de Gedeón nos habla de la invasión de los madianitas. Todo Israel es llamado a ser salvado de los invasores. Dios dijo "es mucha la gente que esta contigo. Si yo les entrego a los madianitas los israelitas creerán que por sus propios medios vencieron a los madianitas. Por eso reúne a tu gente y diles que el que tenga miedo, se retire" (Jueces 7, 2-3) Así se fue reduciendo el número hasta quedar sólo 300 llevando como armas, un cántaro, una antorcha y un cuerno como trompeta.

Y Gedeón con sus 300 elegidos fueron al combate en beneficio de todo Israel que es llamado a la salvación. De un modo semejante, el pueblo de Israel es también elegido entre todas las naciones llamadas. Pero el elegido por excelencia es Jesús, de quien escribe Isaías: "He aquí mi elegido, en quien me complazco" (Is. 42, 1)

El elegido es Jesús y él solamente tiene como armas su trompeta y su cuerno: anuncia la palabra del reino y entrega su testimonio de vida. De vuelta de la cima de la montaña con este jarro lleno de vida divina que dejará caer, atemorizará al demonio y a la enfermedad y luego con su antorcha dará su testimonio de amor que lo lleva a la cruz y allí vuelve a tomar el cuerno en sus manos cuando dice: Padre, perdónalos no saben lo que hacen. Padre, mi vida está en tus manos. Este es el testimonio de amor, el cuerno. Y es así como el mundo será salvado, por medio de los elegidos.

María también tiene su trompeta: es su salvación para Israel su si al ángel Gabriel. Ella también tiene su jarro de concentrado de oración profunda, en conjunción con su Señor en ella: María, conserva esto en tu corazón. Y María, tiene su antorcha: de pié junto a la cruz siendo una con Jesús y diciendo con él, a su propio ritmo: Padre, perdónalos, no saben lo que hacen.

Y san Pablo tiene su cuerno: anuncia la palabra, y tiene su oración, si visión profunda y su testimonio que es dar su vida. Y Pedro y Juan y todos lo santos sin excepción tocan la trompeta, tienen una vida intensa de comunión con Cristo y dan el testimonio de la caridad sublime.

Es así como los elegidos trabajan por la salvación de todos los llamados. Y así sucede hasta el fin del mundo: Id y predicad (Mt. 28, 19). Esta palabra en el evangelio de San Mateo podría ser dada como título a todo su evangelio porque es la palabra que caracteriza el misterio de la Iglesia. El evangelio de Mateo es el evangelio de pentecostés, es el evangelio eclesial por excelencia. Su discurso eclesial del capítulo 18 como eje, precedido desde el 13 al 17, hacen un todo y nos muestra la acción de los elegidos en beneficio de los llamados.

Bendiciones,



Florin Callerand - Salvación Constante, colección Plenitud

1 comentario:

  1. P. Bruno Predonzani28 de abril de 2010, 07:50

    Los elegidos son tales por una autoselección, como en el caso de
    Gedeón y los israelitas. De entre los "muchos" llamados hay miedosos,
    hay distraidos, hay inconstantes, hay cobardes, hay superficiales y
    mediocres (pensemos en los variados tipo de terreno que recibe la
    semilla de la parábola). Se autoescluyen y quedan los elegidos, los
    que confian en Dios más que en el mundo; en el espíritu más que en la
    carne, los humildes y sinceros que no se comparan con los demás sino
    que se abandonan a la misericordia del Padre, como Maria.
    Un buen dia te espera.
    Bruno

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