22 de diciembre de 2011

Y quien no da la vida por un sueño

Paz y bien

Lc 2, 13-14

Son muchas las cosas que en estos días los hombres pedirán al cielo; a ese Dios que, sin dejar de ser Dios, se quiso hacer hombre, por amor al hombre y para salvarlo.

Pero indudablemente hay algo que está en las plegarias de todos: todos esperamos y pedimos que el Niño de la Navidad nos traiga la paz.

Como una flor en el desierto.

Tú que eres el Camino, la Verdad y la Vida; Tú que todo lo sabes y que lo puedes todo, que un alma eterna diste a nuestro ingrato lodo y amasaste el martillo que te crucificó, no mires las miserias, no mires los pecados.

Recuerda solamente que somos desdichados y que este barro nuestro la vida te costó. Escucha nuestro ruego, que se une a la plegaria de tanta madre triste y esposa solitaria, de tanto niño pálido, de su contraída faz; y, abriendo los dos  brazos de tu misericordia sobre este mundo mísero de luto y de discordia, Señor omnipotente, concédele la paz.
Es Cristo el que vino a traernos la paz, desde el momento en que vino a restablecer la paz entre Dios y nosotros.

Y quien no da la vida por un sueño...

Fraternalmente,



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Dejó sus huellas Alfonso Milagro - Imagen de El Ojo Digital «Podrán encerrar mi cuerpo, nunca mi mente»

1 comentario:

  1. Y Él dió su vida...y sin embargo... cuantas veces aun le ignoramos.
    Un abrazo.

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