17 de octubre de 2010

Pide, busca y tu corazón se ensanchará

Paz y bien en el Señor Jesús y en su Santísima Madre!

Domingo 29º - Tiempo Ordinario - Ciclo C / Lucas 18, 1-8

Jesús nos recuerda que «es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Enseña con sus obras y con las palabras. Santa María es modelo de oración, también de petición. En Caná de Galilea es capaz de avanzar la hora de Jesús, la hora de los milagros, con su petición, llena de amor por aquellos esposos y llena de confianza en su Hijo.

Nos cuesta tener presencia de Dios, precisamente porque no tenemos esa costumbre. Pero, con el tiempo y el interés, puede llegar a ser en nosotros algo tan continuo como el respirar. Como el perro adiestrado mira una y otra vez a su amo antes de hacer cualquier cosa, para saber dónde se encuentra. Como la presencia del amado o de la amada ausente en el día y en la noche del amante. Su ausencia provoca una presencia que llena el pensamiento, que lo atrae como un imán, continuamente.

En los evangelios se ve cómo Jesús con frecuencia alababa a su Padre. Hoy nos insiste en que hemos de rezar de modo habitual. San Pablo concretará incluso: En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios (1 Co 10,31). De una u otra manera, Dios ha de ser el punto de referencia siempre. No porque se le tema, ni sólo para pedirle ayuda cuando truena, sino como el amado a quien se recuerda frecuentemente y se le llama por teléfono. El día de nuestro cumpleaños sabemos quién nos quiere: el que se acuerda de nosotros. Recordar así a alguien es amarle. También a Dios.

Esta presencia habitual de Dios nos evitará muchas preocupaciones y ligerezas a la hora de hablar; y dará tono sobrenatural a todo lo que hagamos. ¡Podemos hacer tantos actos de amor y desagravio a lo largo del día!, tantas jaculatorias que suban como flechas encendidas de amor hasta Dios y la Santísima Virgen. Dios nos ama aunque no nos demos cuenta. Es la gran realidad. Por eso no puede ser el gran ausente, sino el gran amado, cuyo recuerdo atrae, cuya presencia llena el corazón y el día entero.

Santa Teresa de Calcuta, reflexionando sobre este evangelio dice:
«Ama orar. Siente a menudo la necesidad de orar a lo largo del día. La oración dilata el corazón hasta que éste sea capaz de recibir el don de Dios que es él mismo. Pide, busca, y tu corazón se ensanchará hasta el punto de recibirle, de tenerle en ti como tu bien.

Deseamos mucho orar, pero después, fracasamos. Es entonces cuando nos desanimamos y renunciamos. Si quieres orar mejor, debes orar más. Dios acepta el fracaso, pero no quiere el desánimo. En la oración cada día más quiere que seamos como niños, cada vez más humildes, cada vez más llenos de agradecimiento. Quiere que tengamos presente que todos pertenecemos al cuerpo místico de Cristo, en el que la oración es perpetua.

En nuestras oraciones debemos ayudarnos unos a otros. Liberemos nuestros espíritus. No hagamos largas oraciones, que no se acaban nunca, sino más bien breves, llenas de amor. Oremos por los que no oran. Acordémonos que el que quiere poder amar, debe poder orar.»
Señor, sé que tu presencia continua es un don que me das sin merecerlo. Pero también es cierto que he que buscarte. Yo procuraré esforzarme por elevar mi corazón hacia Ti en tales y cuales ocasiones.

Fraternalmente,

Claudio


Jesús Martinez García

3 comentarios:

  1. Sin la oración, toda nuestras empresas no sirven para nada, si nuestra vida no está centrada en ella, solo el sentimentalismo, o el ego son los impulsores de la misma.
    Granb reflexión. Gracias
    Un saludo afectuoso

    ResponderEliminar
  2. Buenos días Claudio:
    Cuando se vive enemorado se necesita estar al lado del que se ama, se necesita pensar pensar en él en su ausencia y hacerle presente como si lo tuviésemos al lado. Se trabaja, se come, se bebe , se habla y se ríe, pero con el que se ama. No es tanto que yo viva en su presencia como nos enseñaron a estar la antigua escuela teológica, el amor se iguala, y unas veces el amado está en tú presencia y otras, él está en mi presencia, depende de como nos buscamos para el encuentro amoroso , aunque Dios lo cubra todo con su presencia , el hombre lo `puede percivir de otras maneras al intensificarse el amor de uno por el otro. El hombre solo percive y Dios está incluso donde el hombre no se da cuenta.
    Gracias por tu espacio , no se si me he sabido explicra,
    Con ternura
    Sor.Cecilia

    ResponderEliminar
  3. Hola Sor Cecilia! Te explicas perfectamente. «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón» A Cristo solo a Cristo! Me viene -en este momento después de haber publicado una reflexión sobre la aceptación de nuestras cruces- el pasaje del evangelio donde el Señor va a casa de Marta. Marta y María. Trabajo y oración. Entrega al Señor y entrega a la familia. ¿Cuál es la mejor parte? No son posiciones antagónicas. Son distintas maneras de expresar amor al Señor. Viviendo en santidad y vivienda la santidad,practicando las virtudes, desarraigando año tras año los vicios y los errores.
    Fraternalmente,
    Claudio

    ResponderEliminar

«Porque la boca habla de la abundancia del corazón.» (Mt. 12, 34) Por lo tanto, se prudente en el uso de ellas y recuerda que en este blog no se aceptan los comentarios anónimos.