17 de febrero de 2013

Las tentaciones


1º Domingo de Cuaresma - San Lucas 4, 1-13

Las criaturas son un reflejo de la Bondad y la Omnipotencia divina. Son buenas, pero en la Biblia (y de modo específico en el Eclesiastés) se nos habla de la vanidad de vanidades que, sin Dios, son la ciencia, la riqueza, el amor y la vida. La Iglesia posee un sentido demasiado realista del pecado como para abandonarse candorosamente a una exaltación incondicional de las riquezas de la creación, y no olvida las advertencias de Dios sobre el hechizo y la fascinación de las criaturas, que exponen a las almas a apartarse de Dios: ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?

Debido a la malicia que anida en nuestro corazón y a nuestra fragilidad, en ocasiones las criaturas constituyen un obstáculo que nos aleja de Dios; y tras nuestras caídas, se convierten en fuente de abundantes lágrimas. Las Confesiones de san Agustín están llenas de estos suspiros y lamentaciones motivados por el recuerdo de sus caídas personales.

Del evangelio de hoy podemos sacar algunas conclusiones prácticas: descubrir todo aquello que para nosotros es ocasión de pecado, y rechazarlo con prontitud, sin dialogar con el diablo, como hizo Jesús. Aunque puedan ser cosas buenas, si no lo son para nosotros. Se nos pide una decisión radical. A la vez, debemos ver las tentaciones como oportunidades que se nos presentan para demostrar nuestro amor a Dios. Tener tentaciones no es malo, lo malo es caer, hacer el mal. Si sabemos aprovecharlas nos pueden dar mucha presencia y unión con Dios. Finalmente, hemos de contar con la ayuda de los ángeles, y muy especialmente con el Ángel Custodio que cada uno tenemos.
Hazme humilde, Señor, para reconocer con sinceridad lo que me aparta de Ti, y dame la fortaleza necesaria para huir de la tentación. Que nada me ate a las criaturas; ni siquiera aquellas personas a quienes debo querer, pero que pueden trastornar mis afectos y alejarme de tu amor, pues sólo debo adorarte a Ti.
Fraternalmente, paz y bien.




Huellas de: p. Jesús Martínez García

2 comentarios:

  1. Me quedo con la última frase. "Sólo debo adorarte a Ti".
    Que así sea.
    Un saludo en CRisto. Santa Cuaresma

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