21 de septiembre de 2010

Santidad

Paz y bien el el Señor Jesús y en su Santísima Madre!

La santidad es un concepto que hemos triturado no poco en la molienda de nuestros propios criterios, por mucho tiempo. En la práctica hemos exaltado tanto la santidad de aquellas personas que no hacían otra cosa que cumplir la voluntad de Dios y vivir su cristianismo como debe ser vivido, que la hemos creído imposible para nosotros y, como cuestión de hecho, así lo piensa la mayoría del pueblo de Dios.

Exaltamos la vida de los santos y hablamos de sus éxtasis, de sus visiones, de su comunicación con Dios, de su diálogo con la Santísima Trinidad, de sus virtudes heroicas que nos maravillan en extremo, todo esto lo consideramos como si fuera producto de ellos y no de la acción de Dios en ellos. Entonces bosquejamos una vida mística imposible para el resto de los cristianos y más aún si presuponemos -de alguna manera- que esas visiones que ellos tenían, eran cara a cara con Dios.

Y ciertamente que no es así, pues la Iglesia nos enseña que ésta visión se da en la vida venidera y no en este mundo. ¿Entonces que eran esas cosas que ellos veían, sentían, escuchaban y proclamaban? ¡Los simples y variados carismas del Espíritu Santo con los cuales ellos, conforme a los planes de Dios, edificaron como pocos la Santa Iglesia Católica.

Por lo tanto, debemos borrar este concepto casi inaccesible de la santidad y de la vida mística y pensar que la santidad, en el plan de Dios, es para todo su pueblo: "Sed santos porque Yo soy santo"; "esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación"; "el Espíritu Santo en su obra santificadora, nos fue dado para obedecer a Cristo".

Hoy, gracias a Dios, podemos verificar en la vida de muchos cristianos una auténtica santidad, aunque por ser común los criticamos y porque hoy se vuelve a hablar de los carismas, más que de aquellas supuestas visiones cara a cara, mucho más. Seguimos pensando -tal vez- que ello tiene que ser más difícil y algo excepcional y jamás algo popular.

Santo Tomás de Aquino, gran Doctor y Santo de la Iglesia, nos dice que si algo no resulta difícil nos es por ello más meritorio, sino que ello sucede cuando hay menos amor, porque cuando hay más amor todo resulta más fácil y, por el amor seremos juzgados.

Cuando verdaderamente amamos a Dios, entonces todas las virtudes son heroicas y nos santifican, no porque sean heroicas sino porque amamos verdaderamente y nos hemos abierto al Espíritu Santo que nos hace santos y místicos con sus siete dones, frutos y carismas. No puede haber santos en la Iglesia, ni siquiera en abundancia, si hacemos a un lado a Aquel que nos santifica, según los planes de Dios.
"¿Amas la justicia? La sabiduría con sus obras es madre de las virtudes, ella enseña la temperancia y la prudencia, la justicia y el valor; pues bien, nada en la vida es más útil a los hombres" (Sab. 8, 7)
Que el Señor los bendiga,

Claudio


2 comentarios:

  1. La santidad no consiste en llevar acabo cosas extraordinaria.Consisteen llevar con alegria lo que Dios nos envía cumplir su voluntad santa teresa de calcuta asi lo creo.Creo que el Señor es queien nos hace santo en lo pequeño en lo simple,todos tenemos la oportunidad de vivir en santidad si descubrimos a ese Dios escondido en cada momento de nuestra vida siendo fieles a eso que el Señor quiere de nosotros la santidad es un deber de todos un abrazo en Cristo Jesús unidos en oración

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  2. Hola Claudio, gracias por visitar mi blog y darme tu apoyo. Me ha gustado mucho esta meditación. Seguiré frecuentando tu espacio.

    Un abrazo

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