9 de septiembre de 2010

La oración personal, conclusión

¡Paz y bien en el Señor Jesús y en su Santísima Madre!

Deseo concluir con la reflexión sobre la oración personal, que al decir oración personal, hablamos de la oración solitaria, en la que yo me encuentro solo frente a Dios. La oración comunitaria, las reuniones de oración, no me dispensan de la oración solitaria, en lo secreto.
"Tu, cuando vayas a orar, entra en tu habitación y después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí en lo secreto" (Mt. 6, 6)
Por eso, quizá convendría hablar de oración solitaria para diferenciarla de la oración en comunidad. Llamarle oración personal nos hace pensar erróneamente que la oración de grupo no es algo personal, como si en el grupo perdiéramos nuestra personalidad y no nos dirigiéramos personalmente a Dios.

La oración solitaria enriquece la oración comunitaria, porque más profundice mi relación personal con el Señor, la oración de grupo será cada vez más mía, más espontánea, más sincera. Sin oración solitaria sucede a menudo que en los grupos de oración estamos hablándonos unos a otros, buscando palabras que impresionen bien a los demás y olvidándonos que nos estamos dirigiendo al Señor. También sucede que la oración grupal se nos hace monótona, superficial, porque no hay oración solitaria que renueve y enriquezca a los miembros del grupo.

Aunque hay que reconocer que la oración personal se puede beneficiar con el grupo de oración, por dos motivos: porque el grupo puede ayudarme a liberar más en la alabanza y porque me exige una apertura a la oración de otros; y eso me da riquezas que yo puedo no tener. Pero esto se logra solamente si yo estoy "entrenado" en el encuentro con Dios, en la elevación del corazón a la unión con Dios y eso se aprende únicamente en la oración solitaria.

Entonces, aquí, hermano, hace falta una decisión de tu interior. Mientras más brote de tu libertad, más profunda será tu oración, porque Dios a necesitado de tu si para encontrarse en tu intimidad.

De todas maneras, eso no es lo principal. La esencia es que la oración es obra de la gracia de Dios; es una realidad sobrenatural y por eso depende más de la acción del Espíritu Santo que de tu voluntad. Por eso, lo más importante que puede hacer tu libertad es confiar en la gracia de Dios, invocar la presencia de Dios para poder encontrarte con el Señor, clamar al Espíritu Santo para que te haga orar.

De otra manera, podrás alcanzar una gran concentración con técnicas humanas, pero eso no será un verdadero encuentro con Dios. Hay que pensar bien esto: si el valor de tu oración dependiera de tu voluntad, de tus capacidades, entonces bastaría un curso de control mental para orar bien. Y lo grandes modelos de oración como San Francisco de Asís o Santa Teresa de Avila no se preocupaban por el control mental. Imaginemos a la gran multitud de personas sencillas que soportan los dolores de la vida con la profundidad de la fe y la sencillez de su oración. ¿Será tan importante la concentración, la atención, la liberación de las tensiones psicológicas? ¿No será más importante invocar al Espíritu Santo para que él se adueñe de nuestro ser y la oración sea realmente un encuentro sobrenatural con el Señor amado?

La oración -por último- es un encuentro con otro. Cuando dedicamos un tiempo de silencio a la oración, el peligro es que lo pasemos hablando con nosotros mismos, dialogando con nuestros planes, con nuestras inquietudes, con nuestros sueños y angustias, entrando y saliendo como se dice, sin acordarnos del otro, de Dios, sin dirigirle la palabra, sin escucharlo, sin contemplarlo y terminar creyendo que hemos orado, cuando solamente hemos estado haciendo proyectos, recordando cosas, solucionando problemas...

Por eso es necesario gastar todo el tiempo que haga falta para ponernos en presencia de Dios, para descubrir su presencia, su amor, para darnos cuenta de que él está esperándonos y escuchándonos, atento a nuestra oración, para aceptar dejarlo todo y consagrar sólo a él ese tiempo. No significa que no podamos resolver nuestros problemas en la oración; solo decimos que no es oración si no lo hacemos en su presencia, dialogando con él, poniendo en él nuestro corazón, buscando su luz, su vida, su voluntad.

Decía Santa Teresa de Avila que la oración es estar tratando de amistad con Alguien que sabemos que nos ama (Vida, 8, 5) e insistía que no es pensar mucho, sino amar mucho (Moradas, 4, 1, 7)

Que el Señor los bendiga,

Claudio


Tomado de: 40 formas de oración personal, Víctor Manuel Fernández

2 comentarios:

  1. Hola Claudio, q lindo post. Me gustó mucho, porq si hay algo q "disfruto" es orar a nuestro Papá Dios.
    Te comparto esta frase q me gusta, y deseo q tengas un feliz día:

    "La oración es para el cristiano lo que son las alas para las aves, y sin ella no hay vuelo espiritual", Mons. Sinésio Bohn

    Un abrazo en Cristo!
    ♥Alicia

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  2. Hola Alicia! Gloria a Dios!
    Mi abrazo y mis deseos de paz en el Señor
    Claudio

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