2 de julio de 2012

Un minuto a Dios

Salmo 118, 15 - 16

Poco se acostumbra hoy reflexionar, meditar, pensar con seriedad y detención. El mundo que nos rodea es un mundo de bullicio que aturde y nos priva del silencio indispensable para nuestra introspección.

Somos seres inteligentes; si el hombre es el profesional del pensamiento, hay muchos hombres que no ejercen su profesión. No debemos marchar por la fuerza exclusiva de los instintos ciegos y apetencias naturales... ni como hipnotizados irresponsables, ni como sonámbulos inconscientes.

No vayamos a ser victimas del vértigo de la velocidad, ni de la alocada precipitación, que es el mal terrible de nuestros días; dediquemos cada día, unos breves minutos al menos, a entrar en nosotros mismos... el “minuto de Dios” ha de ocupar en nuestro día un lugar preponderante; cuando más pensemos, más hombres seremos; cuanto más pensemos en Dios más nos asemejaremos a El.
«Meditaré en tus mandamientos y pensaré atentamente en tu voluntad. Pondré mi felicidad en tus estatutos; jamás me olvidaré de tus palabras»
¿Cómo responderemos al clamor del mundo si ignoramos el mensaje de Dios? ¿Como compartiremos la vida de Cristo si el anuncio de su Reino no forma parte integral de nuestra propia vida? ¿Cómo viviremos el compromiso cotidiano con el hombre si no invocamos la Palabra de Dios sobre todo hombre? ¿Cómo construiremos la Iglesia si no hablamos el lenguaje del Espíritu que la inspira?

Paz y bien

1 comentario:

  1. A meditação é um alimento para o espírito que nem todos procuram.
    A vida está cheia de ofertas sedutoras, mas poucas tornam os homens mais felizes.
    Saber encontrar o silêncio e ouvi-lo no nosso interior é em si um milagre do nosso tempo.

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