9 de julio de 2012

Donde sopla la brisa

Paz y bien

Acerca de la relación entre la confianza en Dios y lo que sucede en el cuerpo he leído en Hesiquía blog una síntesis impecable.
Lo que sucede en el cuerpo afecta a la mente y lo que sucede en la mente afecta al cuerpo. Es una relación recíproca. Pero, lo que es más importante: Lo que vivimos espiritualmente influye muy directamente en el cuerpo y en la mente.
Es por lo anterior, que cuando logramos afianzar una actitud de confianza en Dios y en su providencia, esto repercute de manera notable sosegando la mente y relajando el cuerpo.

La mente se inquieta cuando se cree la artífice, la que controla, planifica y la que debe prever. Y estas funciones, es cierto, le competen, pero en el marco del plan divino que va desarrollándose en todo. Si pierde este factor esencial en sus consideraciones, esa mente tenderá a la inquietud y permanecerá en el desasosiego, con la angustia resultante.

El cuerpo no puede menos que reflejar estos sucesos interiores, manifestando esto como tensión. El cuerpo se contrae, se crispa de temor latente, es un cuerpo alerta ante el posible fracaso de las expectativas, una estructura muscular que impide la paz interior. Por supuesto esto puede derivar en dolor, a veces en enfermedad o malestar general.

Es muy útil recordar esto y usarlo como indicador. Si me descubro tenso corporalmente o inquieto mentalmente, tengo la muestra de que he salido de la actitud de confianza en Dios. Al hombre le compete la intención y la acción atenta, pero los resultados de la acción están en manos de Dios. Si olvido esto vivo tenso, fuera del centro.

Este centro de confianza, que se identifica con lo que los monjes hesicastas llaman el corazón del hombre y que también fue denominado la celda interior por Santa Catalina, es el lugar del alma que se conecta con la voluntad de Dios íntimamente. Es allí donde se percibe claramente la brisa suave del Espíritu Santo. Es el espacio de las mociones, donde susurra la intuición.

En los momentos claves del día, como por ejemplo al levantarse, al iniciar los trabajos etc., tomarse un instante y atender al estado del cuerpo y aprovechar para aflojarlo, para eliminar la tensión innecesaria. Si esto se me dificulta, revisar mi actitud. ¿Vivo solo, a merced de acontecimientos azarosos en un universo caótico que avanza hacia la nada? Porque si con esa creencia se maneja mi mente, tenderá a la crispación y no será posible ninguna distensión.

¿O sé que la vida tiene un sentido, que lo sagrado la inunda por doquier aunque a veces no pueda percibirlo?

Todos sabemos, en lo profundo del corazón, (aunque para percibir este saber es preciso silenciarnos) que el universo, la vida y los acontecimientos, forman parte de una trama de infinita variedad, tejida con la intención de Dios y que esta intención es sabia más allá de nuestra comprensión. A esa sabiduría hemos de entregarnos con afectuosa soltura.

El cuerpo, con vitalidad pero relajado. La mente clara y silente. El espíritu atento a la sagrada presencia, conectado en oración. Podemos tener ese ideal por norte, pedirlo cuando invocamos misericordia. No es solo para los santos o personas muy especiales. Puede ser el fruto cotidiano de todo aquél que invoca con paciencia y perseverancia el Nombre de Jesucristo. 
Fraternalmente,



Dominus Providebit

2 comentarios:

  1. É verdade que as nossas preocupações sobrecarregam-nos o espírito e adoecem-nos fisicamente.

    O caminho para Deus é de Paz e Bem
    Libertarmo-nos das nossas forças negativas - o dinheiro, os prazeres, os desejos que tanto nos afastam do verdadeiro caminho.

    «Sede simples e puros de coração»

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  2. Muy buenos días Claudio... Muy Feliz día de la Independencia a todos mis compatriotas!...un gran abrazo desde Paraguay !

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