2 de febrero de 2011

Un corazón despierto

Jornada Mundial de la Vida Consagrada

Paz y bien en el Señor Jesús y en su Santísima Madre,

La liturgia nos propone la celebración de la presentación del Señor en el Templo. A esta fiesta se la solía llamar antiguamente -antes del Concilio- la Candelaria o Fiesta de la Purificación de la Virgen. Venía considerada como una de las fiestas importantes de Nuestra Señora. Lo más llamativo era la procesión de las candelas. De ahí el nombre de «candelaria». Era una procesión clásica, tradicional, atestiguada ya en antiguos documentos romanos.

De la lectura surge claramente la verdad que se manifiesta no al sacerdote metido, sumergido en sus ritos, sino a un sencillo fiel que desde siempre esperó en el Señor. El sacerdote no comprendió quien era el Niño que se ofrecía en el templo esa mañana. Pero para que lo hubiese comprendido era necesario que hubiese tenido un corazón despierto por el Espíritu de Dios que, se derrama donde ve la buena voluntad de recibir la efusión.

¿Como se explica esta «buena voluntad»? Con una vida en lo que es posible, según Dios, con la fe, obediencia, pureza, caridad, generosidad, oración. No con acciones exteriores sino con la oración. Una comunicación del alma con Dios de la que uno sale vigorizado y decididos a pertenecer más a Dios.
«Ya se te ha dicho, hombre, lo que es bueno y lo que el Señor te exige: tan solo que practiques la justicia, que sepas amar y te portes humildemente con tu Dios» (Miqueas 6, 8)
Simeón tenía una buena voluntad, «era bueno y piadoso» dice el Evangelio. Seguramente la vida no le habría ahorrado ni trabajos ni pruebas, sin embargo, nunca perdió la buena voluntad. Los años, las vicisitudes no habían arrancado ni sacudido su fe en el Señor, en sus promesas, ni cansado su buena voluntad para hacerse siempre más digno de Dios.

Y Dios, en su infinita misericordia, en los umbrales del camino a la Luz que no tiene fin, infunde su Espíritu en él, que le permite ver la Luz que había llegado al mundo; «...vino al Templo inspirado por el Espíritu Santo...» dice la Palabra. Simeón llevó una larga vida antes de ver la promesa cumplida. Jamás dudó. Perseveró siempre y pudo ver lo que no vió el sacerdote, lo que no vieron los soberbios. Simeón obtuvo la sonrisa de Dios como premio a su vida honesta y piadosa.

Suyo es el Reino, el Poder y la Gloria!

Fraternalmente,




6 comentarios:

  1. Que el señor nos conceda un corazón despierto y a la escucha de su voz y enamorado de ÉL FELIZ DIA y gracias muy unidos en oración y un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Hola Amigo precioso el post y el versículo de Miqueas lo dice todo.
    Que el Espíritu Santo nos enseñe a amar como nuestro Señor nos ama.
    Un abrazote.

    ResponderEliminar
  3. Gracias por ésta entrada... no me canso de visitar y de leer su blog...
    Paz y Bien..

    ResponderEliminar
  4. La clave está no en amar, si no en amar bién. Un beso ¡¡¡

    ResponderEliminar
  5. ¡Solo a Él el honor y la gloria, por siempre!
    Un abrazo fraterno

    ResponderEliminar
  6. practica la justicia, ama y pórtate con humildad con el Señor tu Dios. qué preciosidad! Yo le añadiría, y pórtate también con humildad con tus hermananos, porque ellos son el reflejo del Señor tu Dios.
    Gracias, Claudio, eres hombre de gran sensibilidad. Dios te guarde.
    ;O)

    ResponderEliminar

«Porque la boca habla de la abundancia del corazón.» (Mt. 12, 34) Por lo tanto, se prudente en el uso de ellas y recuerda que en este blog no se aceptan los comentarios anónimos.