4 de febrero de 2011

Defectos

Paz y bien en el Señor Jesús y en su Santísima Madre,
1 - Aquellos defectos, personales o ajenos, que no puedes corregir, debes tolerarlos con paciencia hasta que Dios lo ordene de otro modo. Puede acontecer que esto sea mejor para tu resignación y conformidad, porque, de otra manera, serían de poco valor tus méritos. Sin embargo, frente a tales obstáculos, debes insistentemente suplicar a Dios que se digne socorrerte para soportarlos con alegría.

2 - Si alguno que tu amonestaste una o dos veces, no se enmienda, no te pongas a pelear con él, sino encomiéndalo a Dios, para que en todos nosotros, sus siervos, se cumpla su voluntad y la gloria de Aquel que sabe transformar el mal en bien.

Procura ser paciente para soportar los defectos y las debilidades del prójimo, cualesquiera fueran, pues tú también tienes muchas imperfecciones que los otros deben aguantar.

Si tu no alcanzas a ser lo que deseas, ¿cómo puedes exigir de los demás que sean conformes a tus aspiraciones? Exigimos a los demás perfección, pero nosotros no enmendamos nuestros defectos.

3 - Queremos que los demás sean estrictamente corregidos, pero nosotros no. Nos molesta la excesiva liberalidad de otros, pero no queremos se nos niegue nada a nosotros. Queremos que se restrinja a otros por medio de reglamentos, pero no permitimos que a nosotros se nos ponga un solo freno. De aquí surge clara la conclusión: no consideramos al prójimo como a nosotros mismos.

Si todos fueran perfectos, ¿qué ocasiones nos proporcionarían nuestros semejantes para sufrir por amor de Dios?

4 - Ahora bien, Dios, en este mundo, ha ordenado las cosas de esta manera para que sobrellevemos recíprocamente nuestras cargas (Gal. 6, 2). Porque no hay nadie sin defecto y todos llevamos nuestras aflicciones; no hay nadie que baste a si mismo y nadie es suficientemente sabio. Es indispensable, pues, soportarnos mutuamente y juntamente consolarnos, ayudarnos unos a otros, instruirnos y aconsejarnos.

El momento de la adversidad manifestará cuán alta sea la perfección alcanzada. Esas ocasiones no debilitan al hombre, si, demuestran cuál es su estado.
«Hagamos el bien si desanimarnos; al debido tiempo cosecharemos con tal de que seamos constantes.»

Fraternalmente,




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La Imitación de Cristo, Tomás de Kempis

7 comentarios:

  1. Mi experiencia, me dice que encontrar alguien que te ayude a ver los propios defectos y a luchar contra ellos , es encontrar una ayuda valiosísima. Solo si nos dejamos ayudar podemos vencerlos .Un director espiritual nos ofrecerá esta ayuda de una forma impagable.
    Un abrazo

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  2. gracias por este compartir sabe pienso que hemos de reconocer nuestros defectos a veces tenemos las persona s pero somos nosotros que nos cerramos a reconocerlo que el señor nos conceda la gracias de reconocerlo y correjirlo solo es dejarmnos hacer gracias unidos en oración y un abrazo fuerte

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  3. Nadie es perfecto , saber reconocer nuestros defectos en el primer paso para tratar de enmendarlos.
    Un abrazo

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  4. Querido Amigo precioso el post. Edificante el mensaje.
    Una ternurita la imágen.
    Besitos, que termines feliz el día.

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  5. Nos van muy bien las humillaciones, de vez en cuando, para acordarnos de que somos muy falibles y así es como el Señor nos demuestra lo mucho que le necesitamos. Gloria siempre a Él.
    Un abrazo, amigo.
    ;O)

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  6. Ufff....a mí me gustaría cambiar muchas cosas de mí misma. En realidad soy más dura conmigo que con nadie. Un beso ¡¡

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  7. ¡Gloria a Dios!
    Un fuerte abrazo a tod@s

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