La sanación completa que nos ofrece el Señor
El Evangelio de hoy (Juan 4, 43-54) nos deja una nueva enseñanza en cuanto a la sanación, comprendiendo que Dios es libre para sanar como El quiere, directamente o por medio de instrumentos (Eclesiástico 38, 1-4) inmediatamente o a través de un lento tratamiento. De todos modos, la sanación viene de El. «Si creo, no puedo actuar manera contraria a lo que espero.»
Existe un gran interés por el ministerio de la sanación, crece la literatura al respecto; se fundan asociaciones terapéuticas, por aquí y por allá aparecen personas dotadas de un don especial para orar por los enfermos. Por todas partes se escuchan bellos testimonios de quienes han sido curados por el amor misericordioso de Dios. Se repiten en nuestros días los milagros del Evangelio y se vive un nuevo Pentecostés tal como si nos transportáramos a los tiempos apostólicos. En la ciudad de Rosario (Argentina) el Padre Ignacio Peries, sacerdote esrilanqués nacionalizado argentino es conocido por su "don de sanación" y por ser el párroco de la iglesia Natividad del Señor.
Pero, también surgen críticas diciendo que se esta exagerando demasiado en poner más énfasis en la salud que viene del Señor que en el Señor mismo. Unos piensan que se abusa en este campo, pero tampoco falta quien niegue este importantísimo movimiento evangélico.
Lo cierto es que en la búsqueda de sanación algunos no están aprovechando la recuperación completa que Dios quiere darles. Ellos solamente buscan una aspirina, aspirina que no cura. La idea de salvación es determinada por el miedo al dolor y a cualquier esfuerzo personal. Para ellos, la curación es solo sentirse bien, sin sufrimientos ni molestias y desean que Jesús sea simplemente la aspirina que los aleje de la pena.
Suprimir el dolor no es la salvación que la Biblia promete. La Palabra de Dios nos ofrece muchos más que una simple vida sin sufrimientos. Nosotros afirmamos con el Nuevo Testamento que la tribulación y las pruebas son el catalizador que transforme nuestra fe y la convierta en oro (1 Pedro 1, 6-7), una oportunidad maravillosa para alabar a Dios (1 Pedro 4, 12-16); el camino para madurar (Santiago 1, 2-4) y que nos redituaran abundante caudal de gracia (2 Corintios 4,17)
Dios nos ofrece una salud profunda y permanente. Indudablemente el nos ama como somos y como estamos, pero precisamente porque nos ama, nos quiere dar esa salud completa que El tiene para nosotros. Jesús no vino desde el cielo sólo para aliviarnos los síntomas sino a curarnos de nuestras enfermedades; no vino a curar enfermedades sino enfermos, personas completas.
Sin dudas, el pecado es la enfermedad básica del ser humano, raíz de todos los demás males que hay en el hombre y la humanidad. Jesús fue enviado a quitar el pecado del mundo (Juan 1, 29) y a liberarnos de él (Mateo 1,21)
La sanación completa que nos ofrece el Señor consiste en pasar de esta vida de esclavitud a la verdadera libertad (Romanos 6, 12-20); de la condenación a la liberación de la culpa; de la oscuridad a una vida de luz ( Colosenses1, 13); de una vida de pecado a otra de gozo y santidad (Tito3, 3-5); de ser hijos del Demonio a ser hijos del mismo Dios (1 Juan 3, 1-3) ¡Esto es sanación!
Jesús es un médico exigente. Su método es contrario a los criterios del mundo que ofrece la felicidad a través del dinero, el placer y el libertinaje. Jesús sintetiza su terapia en las Bienaventuranzas donde nos indica las condiciones básicas para ser sanos y felices.
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Fuente: "Jesucristo sanador de mi persona" (Tomas Forrest, José H. Prado Flores)
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