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El esplendor de la verdad

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  2º Domingo de Cuaresma - Lucas 9, 28-36 En medio de un gran resplandor, Jesús -Luz de los hombres- habla con Moisés y Elías, que representan respectivamente la Ley (la moral) y los profetas (la doctrina). Jesús vino a darnos la vida divina a través de su muerte y de los sacramentos que instituyó, y a darnos la luz, el sentido de nuestra vida. Quien le sigue no camina a oscuras, quien no le ha escuchado o no quiere escucharle no acierta en sus decisiones vitales. Ahí están tantas filosofías antiguas y modernas, incapaces de explicar qué es el mundo, quién es el hombre y quién es Dios. «Splendor veritatis», así se titula una encíclica del Papa Juan Pablo II, porque la verdad es bella, es esplendorosa, atractiva para todo hombre de buena voluntad. En última instancia el hombre de buen corazón es aquel que busca la verdad, ante ella humilla su razón, la admite, y procura cumplir la Ley que descubre en su corazón. Hay una grave obligación de todo hombre de buscar la verdad en cu...

¿Que es María? Amor...

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Dios es amor. María Santísima es también amor. Podríamos decir que María es el lado misericordioso y tierno del amor de Dios. “Tú sola, Virgen María, le curas a Dios de todas las heridas que le hacemos los hombres. Por ti sola valió la pena la redención, aunque, afortunadamente, hay otras y otros que se han tomado en serio la redención”. Este amor suyo que, por un lado, sube hasta Dios y, por lo tanto, tiene toda la gratitud de una creatura, toda la profundidad de una madre, toda la pureza de una virgen; por otro lado, se dirige a nosotros, hacia la tierra, hacia sus hijos. Cómo me impresionó -y aparte al principio no lo creí- leer aquellas palabras de San Alfonso María de Ligorio: "Si juntáramos el amor de todos los hijos a sus madres, el de todas las madres a sus hijos, el de todas las mujeres a sus maridos, el de los santos y los ángeles a sus protegidos: todo ese amor no igualaría al amor que María tiene a una sola de nuestras almas" . Primero, no lo creí porque er...

Tiempos

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La vida se desarrolla en una continua tensión entre el ahora y el después. Hay entre ambos una relación de dependencia muy íntima, el después depende del ahora. A un ahora lento, inactivo, cerrado, sin luz, habrá de corresponderle necesariamente un después de tinieblas, de desilusión, de fracasos, de ostracismo. En cambio, al ahora entregado, al ahora sacrificado en aras de los demás y de la propia perfección, sucederá infaliblemente el después gozoso, satisfecho, feliz y pleno. En resumidas cuentas, el después no se construye sino con los ahora de cada momento y será imposible pretender un futuro después feliz y satisfecho, si los ahora de cada momento no se realizan con toda plenitud de vida, con todo entusiasmo de acción, con toda la entrega de una amor verdadero y pleno. Mañana será el proyecto de pasado mañana y así, día tras día... No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro. (Jean Paul Sartre) Bendiciones, paz y bien

La paz es un don de Dios...

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... y al mismo tiempo una tarea de todos , decía Juan Pablo II... Nada se busca hoy, nada se anhela tanto, como la paz. La paz para el mundo, la paz para nuestras familias, la paz para cada uno de nosotros. Pero hay varias clases de paz: la paz de los cipreses del cementerio; la paz de los silencios; la paz envuelta en el canto de los pájaros... Ninguna de ellas es comparable a la paz que produce en el interior de todo hombre, de saber que en su vida se está cumpliendo la voluntad de Dios. “Tremendo contraste entre el crepitar del fuego en su comienzo y la paz de la ceniza” decía José Luis Coll; la energía que uno pone en sus actos cotidianamente en la línea recta trazada por el Señor, concluye en el placer de la paz... porque entonces, la vida cobra sentido, la vida tendrá fundamentos, estará asegurada, se halla pacífica. Cuando todo se halla en su sitio, cumpliendo con su función, es cuando se goza de paz; si todo en mi se halla ordenado según la voluntad del Creador, podré...

Que la fe inspire la fe

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La vida no es vivir un gran día; es vivir muchos pequeños días. Dice la Biblia que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza; esta afirmación está henchida de significado. Esa imagen y semejanza de Dios deberá existir en todas y cada una de nuestras acciones exteriores e interiores, de tal forma que Dios mismo pueda reflejarse y contemplarse a Si mismo cuando se asome a la ventana de nuestro espíritu. Cada acción del día de mañana deberá ser, pues, una semejanza a Dios.En cada una de ellas deberemos poder hallar un parecido de Dios por el que cuantos nos rodean puedan llegar a descubrir en nosotros a Dios. Cada uno de nuestros actos deberá llevar un poco de la belleza de Dios, de la bondad de Dios, del amor de Dios. Así, más que vivir nosotros en el día de mañana, será Dios el que vivirá en nosotros. Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. Líb...

Ser generosos

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Si dar enriquece, ahora comprendo porque el que no tiene, da A veces nos quejamos de que nuestra vida está resultando monótona y sin proyección y quizá seamos nosotros mismos los culpables de ello. Nos desubicamos cuando pensamos que no está a nuestro alcance el hacer nuestra vida algo maravillosa. Piensa que nunca es poco, cuando lo que se da es todo lo que uno tiene. No mires lo que das, sino al corazón con que lo das. Si lo que puedes dar es poco, ciertamente el corazón con que lo puedes dar nunca es poco. El amor es el detalle de la fidelidad: la fidelidad es el amor en los detalles; y los detalles suelen ser pequeños y quizá pasan inadvertidos; sin embargo, en ellos consiste la perfección y en ellos hay que poner el amor, en ellos se debe vivir el amor, tanto el amor a Dios, como el amor a los hermanos. «Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud» (Mc 10, 45) Siempre hay alguien que espera de a...

Hacer de la Palabra.. Vida

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Si sos papá o mamá, seguro estás dispuesto a morir por tus propios hijos, es preferible sufrir uno mismo a que no sufran ellos, morir uno para que ellos vivan... es así, ¿verdad? Hoy, en este mundo globalizado, en esta sociedad tan convulsionada, es mucho más fácil morir en un acto de heroísmo por salvar un hijo, que ir muriendo lentamente, día a día, minuto tras minuto, por ir formando a ese hijo o por ir formándome a mi mismo. Ir dejando jirones de la vida en las noches largas sin sueño; en las horas de trabajo agotador, en las tardes solitarias atendiendo diariamente las obligaciones... eso no será llamativo, pero es más meritorio. No derramar la sangre en tres minutos, sino ir dejando gota tras gota en cada acción que cumplimos, en cada victoria sobre uno mismo, en cada vencimiento de nuestro carácter o de nuestro temperamento, en la palabra de callamos o en la sonrisa que ofrecemos. Eso es morir día a día, eso es ser héroe... desconocido, pero héroe. El que oye la Pal...