Anunciar sin equipaje, el arte de confiar
Breve reflexión del Evangelio de San Mateo 10, versos 7 al 15 dedicado a los amigos servidores de grupos de oración, a coordinadores de los distintos movimientos pastorales, a los que luchan diariamente con sus demonios sabiendo que la comunidad observa a los que el Señor ha elegido para la tarea evangelizadora en un mundo carente de sensibilidad y que lucha para que la espiritualidad no ceda terreno.
Leemos: Jesús dijo a sus discípulos referido a la tarea apostólica: «No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento». ¿Como lo aplicamos en el siglo 21?
En el siglo XXI, las palabras de Jesús se aplican como un llamado a vivir la misión cristiana con confianza en Dios, desprendimiento de lo material, gratuidad en el servicio y apertura a la hospitalidad. No se trata de imitar literalmente la falta de recursos, sino de encarnar la actitud de fe, sencillez y entrega desinteresada en la vida cotidiana.
Confianza en la providencia Jesús pide no depender de oro ni plata. En el siglo XXI, esto significa no obsesionarse con seguridades materiales, sino confiar en que Dios provee lo necesario para cumplir la misión. La fe se traduce en serenidad frente a la incertidumbre.
Gratuidad en el servicio «Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente». Hoy se aplica en la entrega generosa: acompañar enfermos, enseñar, servir en comunidades, sin esperar recompensa económica ni reconocimiento.
Desprendimiento de lo superfluo No llevar “dos túnicas” simboliza vivir con sencillez, evitando que el exceso de bienes o comodidades distraiga de lo esencial: anunciar el Reino con la vida.
Hospitalidad y acogida Jesús manda quedarse en la casa que los reciba. Hoy se traduce en valorar la comunidad, crear espacios de bienvenida en parroquias y familias, y reconocer que la misión florece en la confianza mutua.
Aceptar el rechazo «Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.» enseña que no todo mensaje será aceptado. En el siglo XXI, implica no desanimarse ante la indiferencia o la crítica, sino seguir adelante con fidelidad.
Es tiempo de preguntarnos en el apostolado ¿Qué “oro y plata” llevo conmigo que me da seguridad, pero me ata? ¿Qué hábitos de consumo me alejan de la sencillez evangélica? ¿Confío en la providencia de Dios o vivo con miedo a la falta? ¿Cómo puedo practicar la gratuidad en mi servicio cotidiano?
Dejá que estas preguntas resuenen en tu interior. No busques respuestas rápidas: escuchá lo que el Espíritu te susurra en lo profundo.
El camino del discípulo no se mide por lo que acumula, sino por lo que entrega. La verdadera libertad nace cuando soltamos lo innecesario y nos abrimos a la confianza.

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