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Cristianos ¿comprometidos?

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El núcleo de la vida cristiana es la fe en Cristo, y aunque la fe no es algo visible o palpable empíricamente, da sentido y una nueva visión de las cosas y de la propia vida. La fe proporciona a los cristianos la razón última y específica de todos sus compromisos (porque podría haber otras personas que realizaran esas mismas tareas, con otra motivación). Al hablar de cristianos comprometidos ¿no sobraría el adjetivo? Se supone que el sustantivo “cristiano” lleva implícito un compromiso… El verdadero cristiano no sólo confiesa su fe, sino que la traduce en obras coherentes con los valores que profesa. Una fe sin obras podría ser una fe muerta, o una fe falsa. Dicho esto, ¿qué es entonces el compromiso cristiano? No es el cumplimiento de unos preceptos, de unos ritos… Es la puesta en práctica de lo que dijo y vivió Jesús. La prueba de fuego consiste en actuar conforme al Evangelio y no reducir todo a pura moral, a buena conducta. Si no nos comprometemos con la justicia y nos s...

La cruz... que sea un peldaño

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El hombre da dolor al hombre; Dios lo calma Cuando el grano de uva es deshecho por la prensa que lo tritura, se convierte en jugo dulce y vitalizador. Cuando la aceituna pasa por el molino, se hace aceite suave y acariciante. Únicamente el dolor nos hará comprender a los demás y ser bálsamo sobre los desgarros y heridas de todos. Es hermoso vivir una vida difícil, pero con la sencillez del ambiente diario; a cada acto difícil, a cada momento arduo, ponerle el beso de la sencillez. Las horas más difíciles de nuestra vida son las que mejor nos moldean; las dificultades tallan la verdadera personalidad de cada uno de nosotros. Hermano, no te acostumbres a quejarte de las cosas que a diario te suceden; más bien acostúmbrate a ir subiendo la cuesta de tu deber, repechando sus empinadas laderas y entonando al mismo tiempo un canto a tu cruz. Fraternalmente, paz y bien Con textos del amigo Alfonso Milagro | Aforismos de I.R.Steinberg

En los grandes silencios

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Josué Carducci fue un gran hombre, de fuertes pasiones y de indomable carácter. Espíritu ardiente, no conoció las medias tintas. No tuvo formación religiosa; por eso fue ateo y opuesto al papado, a la monarquía y al sentimentalismo que dominaban la literatura italiana de su tiempo, dedicó no pocos esfuerzos a combatir la idea de Dios. Para él, Dios era un mito; pero un mito pernicioso, que por eso había que combatir, a fin de desterrarlo del corazón del hombre. Pero un día Carducci salió a pasear a la playa del mar y en un rapto de muda contemplación frente a la inmensidad del mar rompió su gran silencio con este grito: “¡Creo en Dios!” La serena majestad de aquella inmensidad de agua arrancó de Carducci lo que tenia escondido y acallado en su conciencia. La Biblia cuenta que Dios ordenó al profeta Elias esperarlo en la montaña porque «iba a pasar»; primero vino un huracán, pero Dios no estaba en él; luego un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto; después ...

En el seno de la Iglesia

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Domingo III, tiempo ordinario. Lucas 1, 1-4; 14, 14-21 La Tradición de la Iglesia es fuente de revelación. La Escritura sola no basta para saber lo que Dios nos ha querido decir. Dios podía habernos dejado la Escritura y darnos a cada uno una especial asistencia del Espíritu para entenderla en su sentido correcto y preciso, pero no lo ha establecido así, sino que ha querido dar su especial asistencia a algunas personas (sus Apóstoles y sus sucesores en el episcopado, bajo la guía de Pedro, que en cada momento es el Papa). La Escritura se escribió en el seno de la Iglesia, y ahí es donde se entiende. Hoy la entendemos en la comunión de la única Iglesia de Jesucristo, la que nacida de Jesús estableció en sus apóstoles y discípulos. Nosotros creemos lo mismo que creían aquellos primeros cristianos, aunque con un desarrollo teológico más explicitado. No creemos otras cosas. Quienes se han separado de la comunión de la Iglesia a lo largo de los siglos, han acabado creyendo otras cosa...

María, refugio de los pecadores

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  Así llama la Iglesia a la Virgen Santísima; es que María se preocupa por los pecadores, los busca, los llama, los espera, los recibe y, cuando acuden a ella, los acoge con maternal bondad y comprensión. Sana sus heridas espirituales, los limpia de sus pecados, haciéndoles concebir sentimientos de dolor y arrepentimiento. Fruto de ese cuidado que la buena Madre tiene de sus hijos, los pecadores, es la conversión de éstos, su cambio de vida, su salvación. Virgen que reinas en el cielo muy cerca de Dios, llévame contigo. Ruega por nosotros santa madre de Dios. Imagen: Santuario de la Virgen de Itati, Corrientes, Argentina

Señor, abre mis labios...

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“Señor, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza.” (Sal 50,17)  Cuando uno advierte que estas palabras son proclamadas cada día a la hora de la alabanza matutina en nombre de la Iglesia que ora por ella misma y por el mundo entero, por miles y cientos de miles de bocas implorando esta gracia, nuestra visión se ensancha y se completa. Es la Iglesia que se anuncia, no como un monumento histórico del pasado, sino como una institución viva. La Santa Iglesia no es como un palacio que se construye en un año. Es una ciudad grande que contiene el universo entero. “La montaña de Sión está fundada sobre la alegría de toda la tierra; la ciudad del gran Rey se extiende hacia el Norte.” (Sal 47,3 Vulgata) La fundación de la Iglesia se comenzó hace veinte siglos y sigue realizándose. Se extiende a toda la tierra hasta que el nombre de Cristo sea adorado en todas partes. A medida que prosigue su construcción, los nuevos pueblos a quienes es anunciado el nombre de Cristo exultan de...

Como una plegaria

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Señor, que no tenga yo a ningún hombre por enemigo, y que sea amigo de lo eterno. Que ame, busque y logro sólo lo que es bueno. Que desee la felicidad de todos los hombres y que envidie a ninguno. Que no me regocije con la desventura del que me ha hecho mal. Que hasta donde alcancen mis fuerzas preste la ayuda necesaria a todos los necesitados. Que pueda con palabras amables y consoladoras aliviar las penas de los que sufren. Que cuando yo haya dicho o hecho algo malo, no espere que los demás me lo hagan conocer, sino que yo mismo me lo reproche hasta corregirme de ello. Que me acostumbre a mostrarme amable y nunca irritado con los demás, cualquiera sea la circunstancia en que me encuentre. «Que cada uno se revista de sentimientos de humildad para con los demás, porque Dios se opone a los orgullosos y da su ayuda a los humildes. Humíllense bajo la mano poderosa de Dios, para que él los eleve en el momento oportuno. Descarguen en él todas sus inquietudes, ya que él...