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Mostrando las entradas de septiembre, 2026

Cuando hay con quien, un porqué y un para qué

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Escuché atentamente al rabino Mario Rojzman en una reflexión sobre la negación de Dios a Moises para ingresar a la tierra prometida;  recibe la orden de pararse en el Monte Nebo y mirarla de lejos. Porqué no lo dejo entrar? Y justamente este es uno de esos pasajes donde uno puede quedarse mirando el texto y decir: “ ¿Cómo puede ser, después de todo lo que Moisés hizo, que Dios no le permita entrar? ” La respuesta bíblica está, principalmente, en Números 20, 1-13  y después en Deuteronomio 32, 48-52, el desenlace, por decirlo de alguna manera. Ahí está el núcleo del asunto. Es algo tremendo: Dios le permite contemplar la Tierra Prometida desde el monte Nebo, pero no entrar en ella. Ahora bien, Moisés no fracasa en su misión. La cumple. Su misión no era necesariamente entrar en la Tierra Prometida. Su misión era sacar al pueblo de Egipto, atravesar el desierto y conducirlo hasta el umbral de la promesa. Y quizá ahí aparece uno de esos misterios de Dios que tanto me llaman la ate...

El aura que no se puede farmear

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Farmear aura implica realizar acciones que aumentan simbólicamente la admiración o respeto que otros perciben, como resolver situaciones con confianza, mantener la compostura o ejecutar movimientos llamativos.  Todos, de un modo u otro, buscamos que nos reconozcan, y no hay nada de malo en ello. Pero el reconocimiento se enciende y se apaga rápido. ¿Y si existiera un brillo que no dependa de que nadie mire, y que además deje huella? Unos jóvenes se retan en una plaza: alguien hace un gesto, otro lo graba, y empieza la competición por ver quién tiene más aura. Tener aura es demostrar que dominas el código, que no eres un NPC —un personaje gris, sin autonomía; siguen comportamientos predeterminados, repiten frases y cumplen funciones específicas dentro del juego, como dar misiones o rellenar el entorno; un «otario» diría mi viejo—, que sabes moverte. Puedes farmear +1000… o perderla toda en un segundo. Visto de fuera parece un juego nuevo, pero por debajo late algo viejísimo: el dese...

¿Se puede evitar a Dios? (Mateo 18; 21-35)

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Evitar a Dios, es como huir/salirse del paraíso. El paraíso es un lugar interior de mucha paz, de mucha confianza en un mismo con la fortaleza que da saberse contenido por Dios, resguardado de los ataques del enemigo silencioso que, sabiendo de nuestras debilidades se prende con sus garras y no nos suelta.  El evangelio de hoy habla de un número importante: 490, que son las veces que hay que perdonar a quienes nos han fallado; son las 70 veces 7 que habla Jesús. Y finaliza el Evangelio de Mateo:  Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos . Decía en uno de sus ricos comentarios Carmen Fernández Aguinaco, « nunca he conocido a nadie que lleve en un cuaderno el registro de las veces en que ha perdonado a alguien. Si alguien lo recuerda, seguramente no serán 490, más que nada, porque a la tercera probablemente ya se haya descartado al ofensor. Y esas tres, aunque no se apunten, están tan grabadas en la memoria, que al primer rec...