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Dos santos, un mensaje

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Francisco busca cerrar las divisiones de la Iglesia La canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II , quedará en la historia como el " día de los cuatro papas ". Pero la canonización de dos papas tan distintos, considerados cada uno a su manera "hombres de Dios" y santos por la opinión pública, también quedará en la historia como una astuta decisión política de Francisco. Al elevar al honor de los altares a Juan Pablo II, el "papa viajero" que visitó un centenar de países y, para muchos, hombre de posturas conservadoras, y a Juan XXIII, el "papa bueno" que modernizó el catolicismo con el Concilio Vaticano II, Francisco envía al mundo un mensaje de unidad entre dos maneras de ver la doctrina y el gobierno de la Iglesia, que marcan claras líneas divisorias entre conservadores y reformistas. Es, en definitiva, una canonización para unificar y dejar atrás las luchas internas entre unos y otros. Con su determinación, Francisco también recuerd...

Que domine la razón y el corazón

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Todos llevamos dentro de nosotros mismos un altar en el que hemos entronizado a nuestro YO y al que le rendimos culto con excesiva frecuencia e intensidad.

El sentido de la vida

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1 Cor, 7, 20 Todo tiene su razón de ser en el mundo: el frío del invierno y el calor del verano, la fuerza del viento y la calma de la atmósfera, la luz y la sombra... Vos también tenés una razón de ser en la vida; tu vida tiene una misión que ha de ser cumplida por vos y sólo por vos, porque esa misión es personal e inalienable. Todo tu esfuerzo debe consistir en llegar a conocer cuál es esa misión, cuál es la razón de ser de tu vida; Dios tiene para vos unos planes que debes realizarlos; si no llegas a conocer esos planes, no los podrás cumplir; pero, si los conoces, debes dedicarte plenamente a su realización y entonces verás como tu vida es plena y que descubriste en verdadero sentido de la misma. ¿Que es pues, el sentido de la vida? Es aquel valor que da valor a todos los demás valores. De pronto, todo lo que es y hace una persona (palabras, actitudes, reacciones...) aparece revestido de un color y brillo tan particulares que no se puede explicar con palabras. Eso es...

El mérito es de Dios

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Con la paz de Cristo No busques el éxito menospreciando a los demás. No digas nunca palabras hirientes; hieren a los demás, pero más te hieren a ti mismo; sales tu más perjudicado y te rebajas. No seas jactancioso; tienes cualidades, pero también las tienen los otros; tienes cosas que ellos no poseen; pero ellos quizá te aventajen en muchas otras cosas. No pongas la cara larga, como pidiendo un poco de compasión; sé más bien alegre y muéstrate sonriente; es más agradable y hasta más bonito. “Y ahora, así habla el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú me perteneces. Si cruzas por las aguas, yo estaré contigo, y los ríos no te anegarán; si caminas por el fuego, no te quemarás, y las llamas no te abrasarán. Porque yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador.” (Is 43, 1-3) Entierra el hacha, envaina la espada, esconde el martillo; nadie se elevado menospreciando a los demás....

Volver a pasar las cosas por el corazón

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6º Domingo de Pascua - C Con la paz de Cristo Uno de los gestos más significativos que hacemos en la Eucaristía antes de recibir la comunión es el darnos la paz. La paz como gesto y como deseo. La paz que tenemos la entregamos al otro y por ello nos acercamos y nos saludamos con cariño. En el texto de hoy Jesús nos deja como regalo la paz, pero no una armonía en un mundo donde la guerra y los conflictos no estén presentes. Por desgracia las violencias humanas están aún presentes en nuestra debilitada humanidad. Lo que Jesús nos deja es la paz consigo mismo que no provoca ni guerras interiores ni exteriores. Muchas personas están en guerra interna contra sí mismos y por ello su forma de relacionarse con los demás y con la realidad externa, siempre es al ataque, a la defensiva. El Señor nos deja nuestra vida pacificada en su amor, nos da amor con paz y paz con amor. Los organismos internacionales hacen serios esfuerzos por conseguir la paz en el mundo y en las estructuras sociales...

Busca a Cristo y encuentras a María

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Con la paz de Cristo No podemos separar a Cristo de María. Al pensar en Cristo, inmediatamente nos viene a la mente la condición humana y divina del Hijo de Dios, que vino a salvarnos. Partimos de la realidad, tenemos a Cristo, porque nació de María. La historia nos confirma que cuando se ha querido precisar la naturaleza de Cristo: Una sola persona y dos naturalezas (verdadero Dios y verdadero hombre), llegamos a la conclusión que es así, porque María es verdadera Madre de Jesús, y por lo tanto Madre de Dios, Ella prestó lo que cualquier madre presta a su hijo para ser llamada verdaderamente madre. La condición inseparable de Cristo y María nos lleva a que, cuando nos acercamos a uno de los dos, necesariamente llegamos al otro. Es verdad que con distinción de importancia, pues, Cristo es Dios y hombre; María es criatura privilegiada, pero nunca es diosa, ni de naturaleza divina; le llamamos Madre de Dios, porque su Hijo, verdadero Dios, tomó en su seno la naturaleza humana,...

La viña y yo

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Con la paz de Cristo Dice Isaac de la Estrella , monje cisterciense en uno de sus sermones, referido a la parábola de la viña Confieso que tengo todo el respeto por la explicación que ve en la parábola de la viña (Mateo 20,15) a la Iglesia universal, la viña de Cristo; los sarmientos de los cristianos, el agricultor y padre de familia, el Padre celestial, el día sin ocaso o la vida del hombre, las horas, las edades del mundo o la persona humana, el lugar de la actividad humana misma. Sin embargo, personalmente, me gusta considerar mi alma y también mi cuerpo, es decir, toda mi persona como una viña. No debo de abandonarla sino trabajarla, cultivarla para que no la ahoguen los brotes o raíces extraños, ni se vea agobiada por los propios brotes naturales. Tengo que podarla para que no se forme demasiada madera, cortarla para que dé más fruto. Sin falta tengo que rodearla de una valla para que no la pisoteen los viandantes y para que el jabalí no la devore. (cf Sal 79,14) Ten...