26 de junio de 2016

Coherencia de vida

Domingo 13, TO, Lucas 9, 51-62

El evangelio de este domingo plantea las exigencias de Jesús a quien se decide seguirlo. Pero también muestra su corazón, invitando a sus discípulos a no ser tan impulsivos; en el relato evangélico los samaritanos que no reciben a Cristo en esta oportunidad, no son más culpables que todos aquellos que cierran sus puestas a un desconocido.

Que baje el fuego del cielo... felizmente, el Señor no nos dio a todos el poder de hacer milagros; a menudo lo usaríamos para nuestras venganzas personales, confundiendo la causa de Dios con la nuestra.

De lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6,45), y lo que acababan de decir sus discípulos debió de herir al Maestro, porque no era eso lo que les había enseñado. No sabía Juan el pozo de malicia de donde había salido esa frase, que equivalía a decir: ojalá se mueran. Quien es vengativo, quien tiene mala idea o desea el mal al prójimo no ha entendido a Cristo. Poco a poco aquellos hombres lo fueron aprendiendo, sobre todo al entender el significado de su entrega en la Pasión.

Hemos de mirar al corazón de Jesús para aprender cómo nos quiere, la paciencia que tiene, cómo se compadece y perdona, cómo se ha entregado. Su costado abierto por la lanzada es como una ventana por la que llegamos a descubrir la riqueza insondable que es Cristo, y por la que alcanzamos a ver la magnitud del amor divino revelado en un corazón de carne, humano.

El suyo es un corazón dispuesto a acercarse a los pecadores, sin hacer acepción de personas, sin importarle el trato que reciba; porque busca a la oveja perdida a costa de cualquier sacrificio. Un corazón que se emociona ante el amigo fallecido y ante el dolor de la viuda que sufre; un corazón manso y humilde, que no devuelve mal sino bien ante lo que se le haga; un corazón que se entregó de tal manera por cada persona que, al ser atravesado por la lanza, ya no le quedaba ni sangre que entregar.

Somos discípulos del tal Maestro si somos comprensivos, misericordiosos, perdonadores, mansos, cariñosos. Lejos de nosotros, por tanto, el rencor, la frialdad, al altanería, la dureza en el trato. Tener un corazón, en definitiva, hecho a la medida del Corazón de Jesús. En esto, además, conocerán los hombres cómo es Dios: viendo a sus discípulos.

Bueno domingo. Paz y  bien.



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Con textos de Jesús Martínez García

1 comentario:

  1. Pues es preciosa tu entrada con esta homilia...Esto le pido cada dia..Su Corazón...y que me ayude a Esperar solo en El...que sea valiente a decir la Verdad, dar testimonio de vida y no perder el sentido del humor sobre todo cuando veo ante mi la incomunicacion...que asi estan ahora los gobernantes...ainssss cuanta Paciencia tiene con nosotros el Señor de los señores...y menos mal que estará con nosotros...hasta el fin del mundo!!! menos mal...

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