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Vivir con Cristo

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Paz y bien 20º Domingo, B, Juan 6, 51 - 58 Jesús había dicho antes de subir al cielo: Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo (Mt 28,20). No estaba presente sólo en el recuerdo, como puede estarlo un músico o un poeta en la memoria de sus admiradores. Cristo estaba vivo y se podía hablar con Él en la oración, estaba presente en su Iglesia, en sus sacramentos, especialmente tras el velo de la Eucaristía. ¡Jesús estaba vivo! Pero había que creer. Dirá san Juan al concluir su evangelio: Estas (señales realizadas por Jesús) han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, Hijo de Dios; crean, y, por su Nombre, tendrán vida. (Jn 20,31). La vida cristiana consistirá a partir de entonces en vivir «con Él» de una manera personal e intensa. San Pablo sacará esta convicción cuando entre en crisis en su encuentro con Jesús camino de Damasco. Al preguntarle quién era, el Señor le contestó: Yo soy Jesús, a quien tú persigues (Hch 9,5). Jesús afirm...

Prenda de la gloria futura

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Paz y bien 19º Domingo, ciclo B Juan 6, 41-51 Todos tenemos un profundo deseo de vivir para siempre, el deseo de no morir está como cosido en lo más íntimo de nuestro ser. Algunos filósofos inventaron la teoría de la reencarnación, de que estaríamos en el mundo siempre viviendo de una u otra manera. Pero esto nadie lo ha comprobado. Los seres espirituales no desaparecen del todo, pero ¿qué significa la muerte?, ¿qué hay más allá? Sin la fe no se sabe dar una respuesta satisfactoria. Los cristianos sabemos con seguridad que la separación del alma y el cuerpo no es lo definitivo, que quien ha muerto en gracia, nada más morir pasa a la Vida de Dios. Para el cristiano la muerte es Vida, es el día de su verdadero nacimiento. Para eso hemos nacido en la tierra: para pasar por la puerta hacia la casa de Dios, que es nuestra verdadera casa. Al morir no nos despedimos -ni de Jesús ni de los amigos-, decimos «hasta luego», porque nos volveremos a reunir. Además, dentro de un tiempo -cu...

Pan de Vida

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Paz y bien 18º Domingo, B, Juan 6, 24 - 35  La Eucaristía es presencia permanente y alimento. Pan vivo que ha bajado del cielo, que da la vida al hombre, la vida de Dios. Vida sobrenatural que transforma, que lleva en sí el germen de la vida eterna. Quien tiene esta vida ya no muere ni tiene sed, porque es como un agua que salta hasta la vida eterna. La Eucaristía es el centro de la vida cristiana porque en ella se encuentra Cristo. Quien come su Cuerpo y bebe su Sangre habita en Él, se hace una sola cosa con Cristo. Pero es una vida no sólo para ser vivida, sino también para dar vida a otros. La Eucaristía es como el pan que tomó Elías para caminar durante cuarenta días seguidos, de ahí viene la fuerza que necesitamos para irradiar a Cristo a nuestro alrededor. Comunión con Cristo y comunión con los hermanos. La Eucaristía nos une a cuantos se unen a Cristo, especialmente en su oración con Jesús Sacramentado. Queremos unirnos ahora a la oración de la Madre Teresa de Cal...

Comprometerse

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Paz y bien 17º Domingo, ciclo B, Juan 6, 1 - 15 A veces nos preguntamos: ¿Por qué Dios no interviene en el mundo y arregla tal asunto? Deberían venir a nuestra memoria estas palabras: dadles vosotros de comer. Cuentan que un hombre se encontró a un niño enfermo en la calle, fue a la Iglesia y preguntó al sacerdote: ¿Por qué Dios no hace nada para ayudarle?, y el sacerdote le contestó: Ya lo ha hecho: que tú le encontraras. Es muy fácil echar la culpa a otros, incluso echársela a Dios, ante las deficiencias que notamos. Lo que hemos de hacer es implicarnos nosotros, si es que podemos o debemos hacerlo. Implicarnos a fondo. Dicen que en un plato de huevos fritos con panceta, el cerdo se ha implicado mucho más que la gallina (poniendo su lomo). Dios puede hacer milagros, pero normalmente no los hace, porque cuenta con las criaturas para resolver los problemas. Jesús iba a dar de comer a cinco mil personas, pero quería necesitar de los cinco panes y de los dos peces. No había m...

Obediencia de María

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Paz y bien por San Alfonso María de Ligorio Por el amor que María tenía a la virtud de la obediencia, cuando recibió la Anunciación del ángel san Gabriel no quiso llamarse con otro nombre más que con el de esclava: "He aquí la esclava del Señor" . Sí, dice santo Tomás de Villanueva, porque esta esclava fiel ni en obras ni en pensamiento contradijo jamás al Señor, sino que, desprendida de su voluntad propia, siempre y en todo vivió obediente al divino querer. Ella misma declaró que Dios se había complacido en esta su obediencia cuando dijo: "... miró con bondad la pequeñez de su servidora" (Lc 1,48), pues la humildad de una sierva se manifiesta en estar pronta a obedecer. Dice san Agustín que la Madre de Dios, con su obediencia, remedió el daño que hizo Eva con su desobediencia . La obediencia de María fue mucho más perfecta que la de todos los demás santos, porque todos ellos, estando inclinados al mal por la culpa original, tienen dificultad para obrar el...

Los defectos de los santos

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Paz y bien Tú también puedes ser santo... Dios te llama a través de lo diario, de lo cotidiano, de tus compañeros y maestros, de tus tareas, de tus problemas, éxitos y fracasos Algunos libros de vidas de santos han omitido las debilidades de sus protagonistas, probablemente porque temían que nos escandalizáramos al saber que fueron hombres y mujeres como nosotros. Pero precisamente es bueno comprobar que los que están en los altares no son de cera, ni de yeso, ni de plástico, sino, como todos los mortales, de carne y hueso, sufren dolores y tienen sus agobios; son personas comunes que tienen que tomar medicamentos o duermen mal o se distraen en la oración. Muchos libros han puesto a los canonizados tan distantes de nosotros, que lo único que podemos hacer es admirarlos. Los colocan tan lejos, tan arriba, tan cubiertos de ropajes incómodos y ostentosos, tan desligados de todo lo nuestro, que no hay forma de imitarlos. Estas biografías nos convencen que la santidad no es para...

Cúmplase su voluntad

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Paz y bien Querer sólo lo que Dios quiere, es lo lógico para el que es de veras su amador... Fuera de sus deseos..., no existen deseos nuestros, y si existe alguno, ése, es que es conforme a su voluntad, y si no lo fuera, es que entonces no estaría nuestra voluntad unida a la suya... Pero si de veras estamos unidos por amor a su voluntad, nada desearemos que Él no desee, nada amaremos que Él no ame, y estando abandonados a su voluntad, nos será indiferente cualquier cosa que nos envíe, cualquier lugar donde nos ponga... Todo lo que Él quiera de nosotros no solamente nos será indiferente, sino que será de nuestro agrado. No sé si en todo esto que digo hay error; en todo me someto al que de esto entienda. Yo sólo digo lo que siento, y es que en verdad nada deseo más que amarle a Él, y que todo lo demás a Él lo encomiendo; cúmplase su voluntad. Cada día soy más feliz en mi total abandono en sus manos. Fraternalmente,  † Dominus Providebit ___ Textos de San Rafa...