Jesucristo, el mayor influencer de la historia de la humanidad

Las personas excepcionales siempre  inspiran. Sin embargo en esta época, reino de los influencers, aunque no faltan personas geniales, son pocas las que utilizan sus talentos para mejorar la sociedad o ser testimonios de una vida autentica y plena

El artículo “Jesucristo: el influencer supremo en una época sin redes sociales ” de José Luis Pórtola, en partes decía esto: “En una sociedad en que el término «influencer» se asocia frecuentemente con la cantidad de seguidores, likes y la visibilidad en plataformas digitales, resulta esclarecedor reflexionar sobre la figura de Jesucristo, quien sin acceso a ninguna red social, logró convertirse en el mayor influencer de todos los tiempos. Jesucristo, sin un solo tweet, post en Instagram o video en YouTube, inició un movimiento que cambió el curso de la humanidad. No contaba con seguidores virtuales, sino con seguidores reales, personas cuyas vidas transformó profundamente a través de sus enseñanzas, y hechos. La influencia de Jesucristo trasciende el número; se fundamenta en el impacto tangible en la sociedad y en las vidas individuales a lo largo de más de dos milenios. Nos enseña que ser un verdadero influencer va más allá de los números en redes sociales. Se trata de cómo nuestras acciones y palabras impactan en la sociedad, cómo promovemos cambios significativos y cómo inspiramos a otros a seguir un camino de bien. La fuerza ha de estar en hacer más que en decir “.

Jesús fue y es un ejemplo perfecto de lo que significa ser humano. Dedicó toda su vida e incluso la ofreció en sacrificó por instaurar en este mundo un reino de amor y de justicia para todos, el reino de Dios.  Eso quiere decir que cualquiera, sea o no creyente, pueden ver en la figura de Jesús un modelo de vida para alcanzar la plenitud humana. Jesús ejerce una extraordinaria atracción en los demás porqué su personalidad es fascinante y profundamente transformadora. A lo largo de los Evangelios, vemos en Él un equilibrio perfecto entre amor, firmeza, humildad y autoridad. Su carácter no solo inspira, sino que también nos muestra cómo vivir una vida plena en conexión con Dios.

Gastón Soublette, filósofo chileno cuando le preguntaron si creía en Jesús, contestó «Si fuese humano y tuviera acceso a la historia, la evidencia y la experiencia espiritual que muchas personas comparten, creería en Jesús. No como una figura religiosa más, sino como alguien que rompió todos los moldes, todos los esquemas: un hombre que afirmó ser Dios, que enseño con autoridad, que amó radicalmente y que transformó la historia sin ejército, sin dinero y sin poder político.

Jesús, no es solo creíble por lo que dijo, sino por lo que hizo, por cómo vivió y por lo que despertó (y sigue despertando) en millones de corazones. Si buscara la verdad, la libertad y el sentido de mi existencia, no podría ignorarlo. Porque si todo eso es real -su muerte, su resurrección, su promesa de vida eterna- entonces no hay nada más importante que conocerlo.

Y si no lo es... aun así, nadie vivió ni amó como El. Eso, ya dice mucho »

Como cristianos seguir a Cristo implica parecernos más a Él, conocer a fondo su persona, es decir su forma de hablar, orar y actuar. Es todo un proceso que  podríamos sintetizar nada más ni nada menos que en: “Guardar los mandamientos”. Para ello hay que salirnos de lo abstracto y  enfrentarnos a lo concreto de nuestra cotidianeidad, ya sea como esposos, como padres o hijos, como amigos, como empleados, en nuestro negocio, en nuestras comunidades y en nuestros momentos de ocio. 

Es aquí donde podría venirnos bien el testimonio de esos influencers  cristianos comprometidos  en sus vidas con las enseñanzas de Jesús en torno al amor, el perdón y la compasión hacia los demás o esos youtubers que con sus enseñanzas y acciones nos revelaran una comprensión profunda e intuitiva de cómo vivir las complejidades del mundo siguiendo el ejemplo de Jesús.

El autor del artículo, no cuestiona la importancia de las redes sociales como forma de evangelización, el mismo Papa Francisco, no solo las elogia sino que las utiliza, ya que tenemos que adaptarnos a los signos de los tiempos. La cuestión sería buscar una influencia que trascienda lo digital, una influencia que se enraíce en el cambio positivo y en el mejoramiento de la sociedad. Después de todo -decía Pórtola- si el mayor influencer de la historia logró su impacto sin una sola conexión a internet, ¿qué podríamos lograr nosotros con las herramientas y plataformas a nuestra disposición? El éxito de nuestra misión no se ha de valorar por los likes que nos den, sino por la huella que dejemos en aquellos que nos rodean y en las generaciones futuras. Tenemos la responsabilidad de que nuestro legado sea de transformación, inspiración y esperanza. 

Pero  nuestro deseo de influenciar a otros a seguir a Cristo puede ser en vano si nuestro corazón está lejos de Cristo y de la esencia de su mensaje: el amor a Dios y a las personas. Por eso Mt. 6:1a , dice: “Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos...” Los Fariseos fueron los influencers de su época, tenían cientos de seguidores , mientras que los seguidores de Jesús en un principio solo eran doce hombres sencillos sin títulos ni conocimientos religiosos especiales

El llamado de Cristo de hacer discípulos incluye la tarea de testimoniar y enseñar de todas las formas posibles lo que Él nos enseñó, pero el objetivo fundamental es amar a Dios y serle fiel en toda circunstancia  y  amar lo suficiente a las personas, para preocuparse que ellos también amen y aprendan a  ser fieles a Dios. Jamás podrá ser un buen influencer de Cristo aquel que no vive lo que enseña. 

Cada cristiano debe imitar la figura de Jesús, trabajar para el Reino de Dios desde el amor, buscando solo la aprobación del Padre, sin que el número de personas que le  sigan se convierta en prioridad, lo importante es convertirse en alguien capaz de acoger, apoyar, guiar y dar consejos sabios y compasivos, desde la Palabra de Dios, a aquel que lo necesite.


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Sobre textos de Hermana Julia Crespo CEHCF y archivos del blog

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