Dios conoce tu nombre y tu misión
Temprano me escribió un amigo, poco frecuente, adversario político, enviándome esos mensajes cadena.. Sea de quien fuera el que lo escribió, me muestra la necesidad de Dios del hombre, la necesidad de hacer pausas, de hacer silencios para escuchar la voz de Dios, aguardo que me muestre que es lo que lo yo puedo hacer por El.
Obstinadamente desarmó mis proyectos de trabajo en un lugar que El no quería para mi. Con mi accidente (y con el diario del lunes) me mostró que acompañó todos mis procesos, una mano invisible que iba acomodando las cosas para que todo saliera bien y ahora, hoy, a esta hora, me invita a escribir...
El evangelio de hoy, relata el nacimiento de Juan Bautista. Zacarias, su papá, estuvo mudo desde el inicio del embarazo, hasta que escribió el nombre en una "pizarra": Juan. Zacarías había pasado por el silencio. No fue un silencio vacío, sino un tiempo de purificación. En su mudez aprendió a esperar, a dejar de controlar, a rendirse ante una obra que no dependía de sus cálculos. Y cuando por fin acepta con fe lo que Dios había dispuesto, recupera la palabra. Lo primero que hace no es justificarse ni explicarse, sino bendecir.
Y así, como Juan, todos tenemos un nombre por el que El nos llama. Este evangelio nos regala una paz profunda: Dios sabe quiénes somos, pronuncia nuestro verdadero nombre y conduce nuestra vida hacia su propósito. Nuestra tarea no es inventarnos solos, sino acoger con humildad y valentía lo que Él sueña para nosotros.
Hoy puedo detenerme un momento y preguntarme qué nombre estoy dejando que dirija mi vida: el que nace de la opinión de los demás, el del miedo, el del cansancio, o el que Dios pronuncia sobre mí con amor. El nacimiento de Juan nos muestra que el Señor actúa también en lo sencillo, en la vida de familia, en los tiempos de espera y en los silencios que no entendemos.
Vale la pena hacer una oración breve y sincera: “Señor, enséñame a escuchar tu voluntad y a confiar en lo que tú estás obrando en mí”. Si hoy tengo que tomar una decisión, responder con paciencia o sostener una espera, puedo hacerlo con serenidad, sabiendo que la mano de Dios no me suelta.
Vivir este Evangelio durante el día es... bendecir en lugar de quejarme, escuchar antes de imponer y dar espacio a la obra de Dios en los demás. Él sigue escribiendo con ternura la historia de sus hijos, decía mi confesor y agregaba "su fidelidad te persigue..!"
Claramente, escribe derecho en renglones que son torcidos... La voluntad de Dios es buena, perfecta y agradable..

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