¡Levantate!
En el Evangelio de hoy, un hombre paralítico esperaba poder llegar a tocar el agua de la pileta de Siloe para quedar curado; era una rutina de años -treinta dice el relato- porque como el se arrastraba siempre había alguien más rápido que el para llegar a tocar el agua que daba vida, agua que se movía. Quizá nosotros también estemos a veces, ni siquiera esperando, pero incapaces de movernos de la parálisis que puede ser el miedo, el resentimiento, el orgullo, el egoísmo o la pereza, porque nadie “nos mueve”… Otros muchos puede que estén sentados con la misma parálisis porque no hay quien les mueva el agua.
Hasta que apareció Jesús ese sábado a la mañana y le dijo ¡levantate! ¡get up!
La expresión “¡Levántate!” encierra una fuerza simbólica muy profunda. No es solo una orden física de ponerse de pie, sino que puede interpretarse como un llamado a la acción, a la dignidad y a la esperanza. Es una invitación a dejar atrás la caída, el error o la derrota. Cada vez que alguien se levanta, reafirma que el fracaso no es definitivo. Es un recordatorio de que la vida exige dinamismo, no pasividad.
Dios, que sigue todos tus procesos, seguramente por medio de algún conocido te haga ver que no estás solo en esta lucha. Alguna vez escribí o repetí una frase que en su momento fue como un grito de guerra "detrás del miedo, está la libertad Levantarse es también un acto de resistencia frente a la opresión, la tristeza o la resignación. Es recuperar el control sobre la propia historia.
“¡Levántate!” es una palabra que sacude, que impulsa y que recuerda que la vida siempre ofrece una nueva oportunidad de ponerse en pie.
¡Levántate! No importa cuántas veces hayas caído, ni cuán pesadas parezcan las derrotas. Cada caída es solo un capítulo, no el final de tu historia. Al levantarte, demuestras que tu fuerza es más grande que cualquier obstáculo, que tu voluntad supera al miedo y que tu esperanza puede abrir caminos donde antes solo había sombras.
Hoy es el momento de ponerte de pie, de sacudir el polvo y mirar hacia adelante con determinación. Porque levantarse no es solo un acto físico: es un grito de vida, un compromiso con tus sueños y una declaración de que nada ni nadie podrá detenerte.
Tu futuro comienza cada vez que decides levantarte.
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Evangelio San Juan 5, 1-16

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