Donde habita el olvido
Los que venimos del mundo de la política trabajamos puerta a puerta y convencer a los otros de nuestras ideas es pico a pico y con hechos palpables; ayudando al necesitado, a los sectores socialmente vulnerables (que abundan en Sudamérica y en especial en Argentina), comprendiendo sus carencias y tratar de hallar soluciones.
La acción de Jesús, era socorrer almas rotas prometiendo un reino donde habite el olvido, como dice Sabina; pero la gente quería en realidad salir de la opresión política, poco y nada le importaba hablar del reino, entonces empezaron los hechos, panes y pescados, sanaciones, resurrecciones... reconocer en El al Dios del que hablaban los profetas en las escrituras. El Dios amigo de Moisés.
Cuando todos se dieron cuenta, ya era tarde, pero empezaba ahora, la tarea de los apóstoles de llevar a todo el mundo lo que dice el evangelio de San Juan «Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto». Algún sopapo ligó Saulo de Tarso (San Pablo) camino a Damasco que ayudó en la tarea de expandirlo a Jesús a todo el mundo.
Hoy, los cristianos somos millones, entonces la génesis del cristianismo fue la muerte de Jesús. Hoy los católicos somos millones pero... ¿fuimos perdiendo sensibilidad? ¿Dejamos de ir puerta a puerta a pastorear a los necesitados, a los desesperados, a los sedientos de paz?
Dice José Antonio Pagola «la crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen en un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada que una experiencia vivida.»

Claudio, lo que describes del trabajo puerta a puerta me hace pensar en cuántas causas se pierden no por falta de razón sino por falta de presencia. Jesús no mandó un pergamino, fue. Y hoy cuesta encontrar a alguien dispuesto a mojarse los pies. La pregunta que lanzas al final es la que más incomoda, porque apunta a algo que pasa en muchos sitios, no solo en la Iglesia. Cuando una idea crece demasiado corre el riesgo de volverse institución y dejar de ser encuentro. Y un encuentro de verdad siempre empieza por escuchar antes de hablar. Un abrazo.
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