Bienaventurados
Dichoso, feliz, alegre… Todo eso significa “bienaventurado”. Sin embargo, lo que la mayoría entiende por felicidad no encaja nada bien con las palabras de Jesús. Porque la lógica de Dios es otra. Todo lo que el mundo nos ofrece: “lo primero es la salud”; lo que cuenta es el éxito”; “dichoso el que tiene mucho dinero en el banco”; “feliz quien no se priva de ningún placer”; “yo, mi, me, conmigo y, si sobra, para mí”, no es lo fundamental. ¿Podrá llegar a ser una “persona feliz” quien hace suyas semejantes propuestas de vida? ¿Qué piensa Dios de todo esto? Decía el Padre Agustín Poeir, de la Orden Siervos de María: Las bienaventuranzas son la carta magna del cristianismo, el fundamento sobre el cual se apoya todo el evangelio, el espíritu conductor de sus enseñanzas; pero también la condición por la paz en la sociedad por dos razones: primero porque Jesús con su vida, su humildad y sobre todo con su muerte las practicó al pié de la letra y el cristiano no puede seguir otro camino, y segu...