Volver a lo esencial
Dios hizo promesas y está junto a nosotros en todos los procesos.., mi accidente, mi traslado el mismo día, sin saber adonde, con quien, como, cuando, a que... con el tiempo las piezas fueron encajando... y después de casi un año, volví a caminar; a los setenta y pico no es fácil y uno convive con los miedos y con los dolores de cuerpo.. Que nos asaltan los desencantos? ¡como no!
Amiga mía, el infierno es, la ausencia absoluta de Dios, es una espacio de la vida terrenal donde no existen límites y da lo mismo chana que Juana, pero en las curvas de esos caminos, está la misericordia de Dios. La fuerza que todo lo mueve. Algunos quizás, como San Pablo, camino a Damasco, se caen del caballo impulsados por una fuerza de cambio incontenible. A otros, como a los discípulos camino a Emaus, les ayuda a comprender que el dolor no es la negación de la promesa, sino el modo en que Dios ha manifestado la medida de su amor, la mayor sorpresa: descubrir que bajo las cenizas del desencanto y del cansancio siempre hay un rescoldo vivo, a la espera de ser reavivado.
La resurrección de Cristo te muestra claramente que no hay historia tan marcada por el desengaño o el pecado que no pueda ser visitada por la esperanza. Ninguna caída es definitiva, ninguna noche es eterna, ninguna herida está destinada a permanecer abierta para siempre. Por distantes, perdidos o indignos que nos sintamos, no hay distancia que pueda apagar la fuerza infalible del amor de Dios.
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Carta a mi amiga adventista, con la ayuda de pensamientos del Papa Leon XIV

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