Judas, la traición, un hecho político
¿Por qué Judas traicionó a Jesús? Porque Jesús no podía o no quería ser quien Judas quería que fuera. Judas anduvo con Jesús durante tres años y llegó a la conclusión de que un pobre maestro itinerante que se negaba a asumir el poder político no tenía ningún valor significativo para él. Judas utilizó a Jesús a lo largo de los tres años, y lo volvió a usar al final. Cuando Judas se dio cuenta de lo que los sumos sacerdotes habían planeado para Jesús, se arrepintió de su egoísmo. Sin embargo, seguía sin poder aceptar a Jesús como Señor.
Nunca sabremos que pasaba por la cabeza de Judas ¿ambición? ¿celos de los otros que fueron elegidos y el cayó como peludo de regalo? (digo esto porque ya sabemos quienes eran los primeros) La serie Los Elegidos tira la idea que Judas sentía rabia o enojo o bronca porque la promesa de Dios que el reinado del Mesias, sería pomposo, majestuoso y toparse con la realidad, con la esencia de Jesús, comenzó a rondar en él la idea de hacerlo boleta porque no representaba sus ideales y los ideales de libertad del pueblo judío.
Una mezcla de cosas; su amor por el dinero, la relación con los sacerdotes.. ¿No comprendió Judas plenamente lo que los sumos sacerdotes le harían a Jesús? ¿O, al ver las treinta monedas de plata, decidió que la vida de Jesús valía más que su riqueza personal? No lo sabemos. Cualquiera que hubiese sido la razón, Judas se arrepintió de haber participado en la captura de Jesús. Intentó devolver el dinero, pero los sacerdotes hipócritas se negaron a aceptarlo. Tiró el dinero en el templo y se ahorcó.
Judas no fue la única persona en la vida de Jesús que lo utilizó. La gente que se encontraba en el camino a Jerusalén pensaba que Jesús era un rey político y un conquistador militar que expulsaría a Roma de Israel y restablecería la autonomía de la nación judía. Cuando se enteraron de que no tenía poder político, no tardaron en exigir Su muerte (Mateo 27:20).
Hoy en día, muchas personas hacen lo mismo. Oyen hablar del poder sanador de Jesús, o de Su capacidad para conceder deseos o dar consuelo. Muchos incluso respetan Sus enseñanzas. Aprenden sobre Su carácter, Sus afirmaciones y Su crucifixión. Con todo, no lo aceptan como Señor. Somos tan culpables como Judas cuando utilizamos a Jesús para nuestro propio beneficio egoísta.
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