Sin maquillaje

Las heridas de la vida nos cruzan a todos por igual y cada uno se refugia de la manera que puede. Existen técnicas (terapias) o creencias que lo llevan a uno a tratar de sanar esas heridas; distintos caminos... la vida del hombre -como especie- es un péndulo constante entre la obediencia de los ángeles y el instinto de las bestias.

En el libro de Reyes que leemos hoy, el Salomón, ya viejo, fue desviado por sus mujeres hacia otros dioses. su corazón ya no perteneció por entero al Señor, como el de David, su padre. Salomón dio culto a Astarté, diosa de los fenicios, y a Molok, el abominable ídolo de los amonitas. Más aún, construyó un altar a Kemós, ídolo de Moab, y otro a Molok, ídolo de los amonitas. Y también mandó construir altares para que sus mujeres extranjeras pudieran quemar incienso y ofrecer sacrificios a sus dioses.

No hay nada nuevo bajo el sol. los dioses de los paganos al fin servían para que el alma de sus seguidores encontraran paz, sanidad y consuelo a tantas penurias. Aquellos dioses paganos hoy son terapias alternativas orientadas a liberar bloqueos emocionales, reducir estrés y fomentar el autoconocimiento profundo; meditación, reiki, yoga, aromaterapia; terapias que reconocen que el ser humano es integral y buscan sanar desde un nivel profundo. (Tuve compañeras en retiros espirituales que practicaban yoga, aunque parezca un contrasentido)

El evangelio de hoy relata el pedido -desesperado- de una mujer pagana a Jesús para que curara a su hija de una posesión demoníaca. Traerla al hoy es como decir, después que probaste todo, con soluciones a medias, vuelves tu rostro a Dios que siempre está en los procesos de tu vida.

Sobre este pasaje el Papa Francisco reflexionaba: Esta madre demuestra haber intuido que la bondad del Dios Altísimo, presente en Jesús, está abierta a toda necesidad de sus criaturas. Esta sabiduría plena de confianza toca el corazón de Jesús y le arrebata palabras de admiración: «A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija». 

¿Cuál es la fe grande? La fe grande es aquella que lleva la propia historia, marcada también por las heridas, a los pies del Señor pidiéndole que la sane, que le dé sentido. Cada uno de nosotros tiene su propia historia y no siempre es una historia limpia; muchas veces es una historia difícil, con muchos dolores, muchos problemas y muchos pecados. Siempre hay cosas feas en una historia, siempre. Vamos donde Jesús, llamamos al corazón de Jesús y le decimos: “¡Señor, si Tú quieres, puedes sanarme!”. 

Y nosotros podremos hacer esto si tenemos delante de nosotros el rostro de Jesús, si nosotros entendemos cómo es el corazón de Cristo: un corazón que tiene compasión, que lleva sobre sí nuestros dolores, que lleva sobre sí nuestros pecados, nuestros errores, nuestros fracasos. Pero es un corazón que nos ama así, como somos, sin maquillaje


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