Las diferencias entre intentar y hacer
El libro de Eclesiástico utiliza la expresión "si quieres..." haciendo referencia a la posibilidad de elegir entre el camino que nos aleja de Dios y el que no acerca a El. Con esa posibilidad de elegir, llegamos al Evangelio de hoy (parte del Sermón de la Montaña). Unas palabras que, de primeras, impresionan. Casi asustan. El camino trazado por Dios en el Antiguo Testamente tiene validez perenne.
Es que Dios nos ha hecho libres, con una voluntad apta para luchar, para querer, para elegir el bien o el mal. Tenemos que querer, intentar, poner los medios. Y esa voluntad, esa intención determina la bondad o la maldad de lo que hacemos. Por eso, si intentando de buena fe algo bueno – muy importante esa buena fe – resulta algo malo, Dios juzgará lo que intentamos y no lo que hicimos.
Jesús sienta un principio que es esencial a la hora de la verdad: dar importancia incluso a los preceptos menos importantes, el valorar en definitiva las cosas pequeñas. Desde el punto de vista práctico es un hecho evidente que el que cuida los detalles, no descuida lo más grave. También es cierto que el resultado final es la suma de los pequeños esfuerzos de cada momento.
Si en cada instante se hace bien lo que hay que hacer, al final la obra será perfecta. Por otra parte, lo que depende realmente de nosotros es lo pequeño, ya que nuestra vida transcurre por cauces sencillos y habituales.
En estas cuestiones de cumplir en la practica con los preceptos, con la Ley, está el que se conforma con ser fiel a los preceptos más importantes olvidándose de los otros, así también en la adhesión a la propuesta de las bienaventuranzas los hay quienes las admiran, las aprueban y apoyan a quienes tienen el coraje de practicarlas, pero se contentan con lo mínimo. Está también el que es coherente hasta el fondo, el que toma decisiones decisivas y radicales.
Ahora bien, -dice Alejandro en Ciudad Redonda- ¿es esto posible? ¿No están estas exigencias, que suenan tan bien, muy por encima de nuestras pobres fuerzas? Jesús que nos llama a ser misericordiosos con las debilidades de los demás, conoce también las nuestras, y las tiene en cuenta. No es un rabino que comenta leyes, sustituye unas por otras, las atenúa o las endurece; es un maestro que nos muestra un nuevo modo de vida que inaugura Él: Él mismo se convierte en ley para sus discípulos. Cumplir la ley entera, hasta la última tilde, significa seguir a Jesús y adoptar su estilo de vida. Él es quien cumpla la ley hasta el final, radicalmente, al dar su propia vida en la cruz.
"Algunos creen que basta con tener una virtud, como ser... bondadoso, indulgente o caritativo, sin preocuparse del resto. Pero si eres altruista de un modo y egoísta de otros veinticinco modos, tu virtud no te hará mucho bien. De hecho, probablemente resultará no ser otra cosa que la variedad vigesimosexta del mismo egoísmo, disfrazada de virtud. No pienses, pues, que, por parecer tener alguna buena cualidad, todo el mal que hay en ti pueda ser excusado u olvidado por eso solo. Si quieres saber quién soy, no me preguntes dónde vivo, o lo que me gusta comer, o cómo me peino, pregúntame, mas bien, por lo que vivo, detalladamente, y pregúntame si lo que pienso es dedicarme a vivir plenamente aquello para lo que quiero vivir" decía el monje trapense Thomas Merton.
Hay una diferencia entre intentar y hacer. Intentar es no querer hacer. Al final de la vida tres cosas son las que importan: lo mucho que amaste, lo bondadoso que fuiste y la facilidad con la que dejaste ir cosas, personas y situaciones que no eran para vos. Aprendamos el arte de vivir.

Comentarios
Publicar un comentario
«Porque la boca habla de la abundancia del corazón.» (Mt. 12, 34) Por lo tanto, se prudente en el uso de ellas y recuerda que en este blog no se aceptan los comentarios anónimos.