De apuros, descansos y silencios

Evangelio según San Marcos 3,20-21. Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: "Es un exaltado".

Resumo en dos palabras: apuro y descanso que es, hacer silencio. El apuro de la gente para estar con Jesús, escucharlo, tocarlo, sentirse sanos con solo recibir su mirada. Apretujones, no sea cosa que deje de atender. El descanso que le reclama su familia.

El evangelio de hoy plantea una escena cotidiana, en el sentido de la utilización del tiempo y la dedicación al bien común. La sobria pero cuidada narración de Marcos dice mucho con pocas palabras: Jesús llega a casa, pero ni en ella puede descansar. La muchedumbre tiene necesidad de oírle y de pedirle sanación cuanto antes, como si fuera a desaparecer pronto de sus vidas. ¡Qué fuerza de atracción tenía la mera presencia de Jesús! ¡Cómo debía ser su palabra! ¡Qué transformación interior debían experimentar los que le escuchaban con el corazón abierto! Es la fuerza arrolladora de la santidad, de la vida divina, esa misma de la que el Señor nos quiere hacer partícipes a todos.

Jesús ¿adversario de la prisa? Vivimos en un mundo de corridas, empujones.., ¿Cuándo fue la última vez que hicimos algo sin mirar el reloj?  Nos educaron para correr, para producir, para no parar. Pero nadie nos enseñó a estar presentes. Vivimos midiendo el tiempo, sin darnos cuenta de que lo más valioso se escapa cuando lo aceleramos. Hoy, detenerse no es una pérdida. Es un acto de respeto. A nosotros. A nuestro cuerpo. A lo que de verdad importa. Crear sin prisa no es ir lento: es hacer con sentido. Porque el lujo no está en tener más, sino en no tener prisa.

El lujo de no tener prisa. Nos dijeron que el tiempo era dinero. Y lo creímos. Hasta que empezamos a quedarnos sin vida por no parar y no hacer silencio para encontrar la paz de Dios.

Dios, es orden por sobre todas las cosas.


Comentarios