Es tiempo para el silencio.
La muerte nos deja sin palabras y la falta de ruido es posible que nos abra un hueco en la cabeza para pensar y reflexionar en lo sucedido. Ahí está la realidad: Jesús ha muerto solo. Prácticamente todos los que le seguían han salido corriendo. Nadie ha levantado una mano para defenderle. Sus palabras sobre el Reino se han quedado casi perdidas en la lontananza del tiempo y, sobre todo, de los últimos acontecimientos. Es tiempo para la desolación. Es tiempo para mirar a nuestro alrededor. En este mundo, en nuestra vida, suceden cosas maravillosas. Pero también está presente la muerte, el dolor, el abandono. Basta con atender un poco a los medios de comunicación. ¡Cuántas muertes sin sentido! ¡Cuánto dolor gratuito! ¡Cuánta injusticia! ¡Cuántas vidas a las que la pobreza, la marginación, la enfermedad, la depresión, quedan sin sentido, sin vida! Es tiempo para el silencio. Es tiempo para levantar los ojos y descubrir el vacío. La cruz está vacía. Solo quedan la fe y la esperanza desnuda...